viernes, 25 de marzo de 2016

LLEGA EL OTOÑO AL HUERTO

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Este verano ha sido muy corto incluso para lo que es habitual en Glenorchy. Hemos tenido, básicamente, dos o tres semanas de lo que aquí llaman calor y el resto han sido días lluviosos bastante fresquitos.



Además el calor llegó tarde por lo que las plantas tuvieron todas una adolescencia complicada, motivo por el cual casi todas las espinacas se pasaron y se pusieron a dar semillas cuando apenas habían crecido tres centímetros. Pero a pesar de todo la cosecha ha sido, o está siendo, muy exitosa.



Todas las hierbas que decidimos poner en el rincón oscuro del jardín (el rincón de pensar) han crecido perfectamente y parece que están muy a gusto ahí. El romero creció tanto que tuvimos que podarlo. Con las ramas que cortamos hicimos té de romero y limón que resultó estar asqueroso a menos que le añadiésemos un buen puñado de azúcar. Marina toma regularmente infusiones de salvia, el tomillo y el orégano parece que estén planeando una invasión, el hinojo está muy alto pero no tanto como el eneldo, la lavanda está muy fresquita a la sombra del romero y el perejil, como diría Arguiñano, rico, rico. El cebollino también se está extendiendo un poco demasiado, habrá que vigilarlo de cerca. En el porche tenemos también cilantro y albahaca creciendo protegidos del frío.



También plantamos caléndulas y pensamientos para que atrajesen a las abejas y parece que este verano fresquito les ha ido de maravilla. Los girasoles no se han hecho demasiado altos o grandes pero han florecido. Tenemos unos cuantos amarillos y otros rojos (vimos las semillas en el súper y nos parecieron graciosos así que los plantamos y han crecido muy bien, la variedad se llama Molino Rojo).



Con lo ventosa que es esta zona ya no tienen pétalos, pero antes de que los perdiesen les pude hacer un par de fotos.

Tuvimos un montón de guisantes, tantos fueron que vino el Gigante Verde a ver si le podíamos vender unos cuantos.



Fueron unas negociaciones muy duras porque el señor de Espárragos Carretilla nos ofrecía un buen trueque pero también apareció una señora por aquí abogada de esto del comer sano y nos dijo, no sólo que el zumo de naranja hay que beberlo antes de que se le marchen las vitaminas, sino que los guisantes son muy buenos así que nos los quedamos todos para nosotros.



Las lechugas han salido todas muy bien también. Han nacido y crecido tantas que ya no sabemos dónde ponerlas. Hace ya unos días que quitamos los guisantes y ganamos bastante espacio, pero pusimos ahí los brécoles y las coliflores.




Actualmente tiene lugar una batalla del bien contra el mal en la zona de los brécoles: Marina contra las mariposas blancas. Y es que estas mariposas feas, porque son feas, ponen huevos en las hojas de los brécoles y las coliflores y las orugas se las comen. Ahora con el frío ya vienen menos, a ver si se mueren todas ya (las orugas, no las plantas).



Este año hemos conseguido que naciesen varias plantas de calabacines de diferentes clases. Los que más calabacines han dado han sido los amarillos, seguidos bastante de cerca por los verdes. Por algún motivo tenían dificultades para desprender la flor así que la flor se llenaba de agua y se podría, por lo que acababa pudriéndose el calabacín entero.




Al ver que esto sucedía optamos por arrancar las flores una vez se veía que el calabacín estaba creciendo.




Las zanahorias y las remolachas también han crecido con ganas esta temporada. Seguimos teniendo alguna zona del huerto en la que parece que a las zanahorias les cuesta un poquito más, pero tenemos un suministro constante ellas.



Lo que sigue estando un poco raquítico son los puerros que arrancaron con muchas ganas pero que se han quedado a medias, como Bojan. En el sobrecito de las semillas ponía que resistían las heladas y las temperaturas del invierno así que esperamos que ahora que viene el frío se espabilen un poco.



Ahora también parece que las acelgas se van despertando, tanto las verdes como las rojas, y parece que las espinacas las van siguiendo con más o menos ganas. En principio tanto a unas como a otras les va bien que los días sean menos calurosos.



Y la gran sorpresa de la temporada: los chiles. Plantamos dos plantas que compramos en el mercado de Queenstown y han crecido muy bien. Ahora estamos a la espera de ver si dejan de crecer o se ponen rojos para cogerlos ya y hacer algo con ellos, ya veremos el qué.



También tenemos un montón de patatas creciendo en el túmulo de las malas hierbas, Marina tendrá que decidir cuándo las cosechamos.

Y ya para acabar, una foto del estado del huerto a 25 de marzo de 2016. Ya no están los guisantes pero se pueden ver todos los brécoles en su lugar. También se ven los girasoles, así un poco mustios pero es porque no tienen pétalos.



En definitiva, ha sido un buen verano.

Enrique & Marina
English version



This summer´s been very short even for Glernorchy standards. We only had two or three weeks of what we call hot weather and the rest of the time was wet and cool.




Besides, these few weeks of warm weather came very late in the season which made all the plants have a difficult start and growth. For example, nearly all the spinach went to seed just as soon as the plants were about five centimetres tall. Despite the weather, the harvest it´s being pretty good and we haven´t bought any vegetables in the supermarket since maybe November.




The herb corner (the darkest corner of the patch) is really well stablished and all the plants seem to thrive there. The rosemary grew so much that we actually had to trim it. Enrique used it to make some kind of “cordial” but he didn’t follow any recipe plus it was his first cordial ever. For this reason he didn’t use any sugar and the drink was revolting. I fix it by adding a simple sugar syrup to the infused rosemary. After that, it was delicious! I also make tea with sage, thyme, mint or lemon balm, we keep this last two in separate polystyrene containers so they won’t take over the whole garden. The fennel and the dill have been great to cook freshly caught fish this summer. We still haven’t found a use for the lavender other than looking pretty and feeding the bees. The chives and parsley have definitively been everyone’s favourites this summer a part from the coriander and the basil that live sheltered in the deck and are so hard to grow that we save them for special dishes. 




Enrique also planted some marigolds and pansies to attract and feed our beloved bees, and they turn out to love the place. The sunflowers didn’t grow too high or too big but they gave us flowers and that’s good enough. We have a few classic yellow ones and some red ones called “Moulin Rouge” sunflowers. 



The wind blew their petals within a few days after they opened but Enrique managed to get some pictures before they were completely bold. 


Again this year we had a massive crop of peas. This time we chose snow peas and we had so many that we offered Wattie's half of what we harvested. 




We had a really though time negotiating the conditions with them but eventually a healthy-food-movement activist (Enrique’s mum, see in the picture) made us see that they were too good to be canned. And that we have to drink our orange juice as soon as possible after being squeezed or all the vitamins and goodness will be gone. After these two life-changing revelations, we decided to keep all the peas for us and stopped buying any orange juice.




We have lots of lettuces too. Pretty much every single seed turned into a lettuce and we now don’t have space for all of them. A while ago we pulled out the pea bush to gain some space but we transferred broccolis and cauliflowers there. Just recently we pulled out some other plants and we could put on the ground some more lettuces.





At the moment, the broccoli and cauliflower rows are a cold battle field: it’s me against the white butterflies. Yeah, those ugly looking butterflies that come and lay eggs in the brassicas. Once the eggs hatch, an army of hungry green caterpillars invade my plants and eat every single leave of broccoli, rocket, mustard, cauliflower and rhubarb. They completely killed my rocket and mustard but I’m wining in the other fronts. Now that the days are even cooler they seem to be less active but I still find some fat voracious animals every so often.




This year we manage to grow a few zucchini plants of different varieties. The most fertile type was the yellow but the green ones did well too. We also had a funny looking one that never did well and just produced tiny fruit so we finally discarded it. Besides, for some reason, all our plants had problems to get rid of the flowers which would get full of rain water and start rotting the fruit. 





For this reason, we had to hand pull the flowers once the zucchinis were mature enough. 





Carrots and beetroots are doing amazing again this year. There’s a bit of the garden where they seem to find it harder to grow, but we can rely on a good supply of carrots for the next few months. 



The leeks thought have disappointed us a bit. They sprouted quickly and with a lot of energy but they are still small. The packet said that leeks survive frosts and cold temperatures, so we hope that they do better in the cold season. 




This year’s silver beets are also taking quite some time to wake up and that includes the two varieties that we have: white and red. In theory, they like cool days better than hot, so maybe now they actually start growing like there’s no tomorrow. 




We should name the chillies our greatest achievement of the season. We bought a  plant of Serranos and another of Jalapenos at the Remarkables Market and they both did really well. I found out about the way of trimming the plants too late and the Serrano plant looks a bit funny. Now we’re waiting to see if they ever turn red or bigger and then I’m going to pickle the Jalapenos and keep some Serranos in the freezer. 



Finally there’re some self seeding potatoes in the pile of weeds over the garden fence that I’ll have to dig out a bit later when the plants are dry. 


We’ll finish this post with a general picture of the garden on the 25th of March 2016. Peas are gone, new broccolis and cauliflowers in that gap, and no petals in most of the sunflowers, that’s why they look a bit sad.




Summarising, it’s been a good summer!


Enrique & Marina

BANNOCKBURN

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Nueva Zelanda apareció en el mercado internacional de vinos en los años ochenta gracias al sauvignon blanc producido en la zona de Marlborough. Unos años más tarde Allan Brady decidió arriesgarse y plantar viñas de pinot noir en la zona de Gibbston Valley, la región vitivinícola del mundo situada más al sur del planeta. Hoy en día los pinot noir de Central Otago rivalizan con los de Napa Valley en California y Borgoña en Francia.



La región vinícola de Central Otago, definida en general por suelos rocosos, se divide en siete subregiones: Wanaka, Cromwell (Lowburn), Pisa, Gibbston, Alexandra, Bendigo y Bannockburn.



La subregión de Bannockburn se encentra al sur del valle de Cromwell a orillas del río Kawarau en lo que es la zona más calurosa y seca de Central Otago.



En el pasado (hace unos 200 años) era un área verde y llana regada por riachuelos donde los pájaros cantaban y los dinosaurios de “En busca del valle encantado” vivían apaciblemente junto a tribus maoríes cazadoras de moas (kiwi gigante ya extinto). Pero llegaron los colonos europeos, pakeha, buscando terrenos para las ovejas y, en la década de 1860, alguien encontró oro, originando la fiebre del oro de Otago, que a la postre desarrollaría la región y daría forma a sus pueblos y carreteras e incluso transformaría el paisaje.



Bannockburn está formado por depósitos aluviales; rocas depositadas en una matriz arcillosa. Y en medio de todo esto, oro. El método utilizado por los mineros para extraer el oro, conocido en inglés como sluicing, consistía en destrozar el terreno con agua a presión y buscar el oro después.



Así, lo que era una región llana y verde se convirtió en una zona árida de cañones y desfiladeros escarpados a semejanza del Monument Valley de Arizona y Utah. Y, como era de esperar, el oro se acabó y la gente abandonó Bannockburn.

Hoy en día queda lo que podría considerarse como el esqueleto de Otago, lo que se esconde bajo el fértil suelo de Cromwell, las entrañas de una tierra agotada y destruida por la sed de riqueza. Un agujero de polvo y calor en medio de la verde Otago.



Bannockburn es un ejemplo de lo que la codicia puede hacer a la Tierra pero también un ejemplo de cómo los humanos nos adaptamos y, en una zona en la que sólo crece tomillo, los emprendedores locales han conseguido cultivar unos de los mejores viñedos de pinot noir del mundo. No hay mal que por bien no venga.

En la zona de máxima explotación minera, en la ladera de Mount Difficulty, hay unos cuantos caminos por los que se pueden hacer excursiones cortitas. Marina y yo nos pasamos el día recorriendo la zona (algo así como la ciudad encantada de Cuenca) hasta que llegamos a lo que era el centro del antiguo asentamiento minero. Allí se encuentran las ruinas de la iglesia, rodeada por perales y ciruelos.



Los pájaros ya habían dado buena cuenta de las ciruelas, pero todavía quedaban un montón de peras para Marina (fijaos en los bolsillos laterales de su mochila).



Y es que no hay nada tan rico como una pera recién cogida del árbol, ya sea aquí o en Llessui.

Enrique & Marina


English version


New Zealand made its way into the international wine scene during the 80’s thanks to the Sauvignon Blanc produced in Marlborough. A few years latter Allan Brady  w ith a few others decided to take try his luck growing Pinot Noir in Gibbston Valley, the southernmost wine region in the world. Nowadays, Central Otago’s Pinot Noir stands by California’s Napa Valley and French Burgundy’s wines. 




The wine-growing region of Central Otago, mostly characterised by rocky soils, has seven subregions: Wanaka, Cromwell (Lowburn), Pisa, Gibbston, Alexandra, Bendigo and Bannockburn. 




Bannockburn is located in the south of the Cromwell valley, on the Kawarau river’s shores and it’s the hottest and driest area in Central Otago. 



In the past (about 200 years ago), it was a green and flat area watered by several creeks where birds sang and lovely dinosaurs happily played in the bush while maori tribes hunted moas (a kind of giant kiwi currently extinct) like there was no tomorrow. But then, the white settlers (pakeha) got here looking for pastures for their sheep. Also, during the 1860’s, someone found gold which triggered a gold rush in the whole Otago. Thus, all the influence developed the region turning groups of few houses into villages, pathways into roads and even changing the landscape.




Bannockburn was formed by alluvial deposits, small rocks that stick together in a clay base. And among all these little rocks, there were some gold nuggets. To mine the precious mineral they made the terrain collapse by throwing pressurised water and went through the loose material after. That system is called sluicing.


By doing that, a flat and fertile area turned into an arid and uneven zone with canyons and cliffs that reminds of Monument Valley in Arizona and Utah, relatively speaking. Eventually, all the gold was gone and everyone left too.  


Nowadays, what it’s left can be considered as the skeleton of the land, just what’s underneath Otago’s rich soil, a huge hole of dust and heat in the middle of the numerous green orchards of the fertile Cromwell. 



Although Bannockburn epitomises how badly human greed can change the landscape, it’s also a great example of human ingenuity considering that some local entrepreneurs have recently managed to grow great pinot noir and produce world class wine. No ill wind that blows no good.


The main mining area, on the lowest hillside of Mount Difficulty, is kept as an historic/recreational reserve and there’re a few short walks well marked. Enrique and I spent most of the day wondering around them and we even found the ruins of the old mining village which simply included an almost-totally-demolished church and several pear and plum trees.




We got too late in the season and the birds got rid of all the plums hanging at them but still could get lots of pears.



Because, is there anything better than fruit just freshly fallen off the tree?


Enrique & Marina