sábado, 27 de febrero de 2016

CARDRONA HOTEL

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Queenstown y Wanaka, las dos capitales de la aventura de Nueva Zelanda, están unidas entre sí por un paso alpino a través del Crown Range. Por ahí discurre la típica carretera neozelandesa que se pasa todo el invierno y parte del resto del año cerrada por nieve, hielo o procesiones de ovejas.



Atención, dato importante: por primera vez desde 1943 el número de ovejas en Nueva Zelanda ha bajado de treinta millones, ahora mismo hay solamente seis ovejas por persona en el país, clara señal del apocalipsis.



A medio camino entre ambas poblaciones, en la parte alta del Crown Range, se encuentra el valle de Cardrona donde están los accesos a las estaciones de esquí alpino y esquí de fondo más famosas del país. Y, en el pueblecito de Cardrona, está el viejo hotel del pueblo.



El pueblo de Cardrona nació en 1860 siguiendo la moda de la época, es decir, empezó como un pequeño asentamiento minero gracias a la fiebre del oro. En el año 1863 se construyó el Cardrona Hotel, que era uno de los cuatro hoteles del pueblo, y que también hacía las veces de parada de carruajes.



El oro, si lo hubo, se acabó pronto. Cardrona se mantuvo como centro comercial durante un par de décadas, pero la escasez de madera (no hay ni un árbol) y las duras condiciones meteorológicas propiciaron el traslado de casi todo el pueblo (no nos olvidemos que aquí en Nueva Zelanda se estila mucho lo de mover casas de un pueblo a otro) a un asentamiento situado 23 km al noreste en las llanuras de Otago llamado, en aquella época, Pembroke (rebautizado como Wanaka tiempo después). Así que Cardrona se convirtió en pueblo de granjeros, con dos hoteles, una herrería y dos tiendas.



De 1926 a 1961 el hotel fue propiedad del famoso James “Jimmy” Patterson que no servía alcohol a mujeres y que únicamente permitía una cerveza a los que viajasen en dirección a Queenstown y dos a los que viajasen en dirección a Wanaka. Después de este genio y figura el hotel ha tenido varios dueños, siendo los últimos (lo compraron en 2002) los que han hecho del Cardrona Hotel el pub más fotografiado de Nueva Zelanda y lo han convertido en lugar de peregrinación habitual tanto para turistas como para locales o bandas de moteros.



La carretera del Crown Range es espectacular, llena de curvas de 15 km/h, pendientes imposibles y vistas panorámicas de la cuenca del Wakatipu. El Cardrona Hotel es parada obligada y los gajos de patas al horno con beicon, queso, chile dulce y crema en el jardín trasero en un día soleado son de lo mejorcito.



De camino a Wanaka, entre granjas y campos yermos, la famosa valla de los sujetadores, por supuesto de foto obligada.

Enrique & Marina
English version

CARDRONA HOTEL



Queenstown and Wanaka, the two adventure capitals of New Zealand, are connected via an alpine pass called the Crown Range. That’s one of these typical New Zealand roads that stay the whole winter and nearly all the rest of the year closed because of snow, ice, a combination of both or a sheep parade.



Side fact of the day: for the first time since 1943 the number of the sheep in NZ has dropped below thirty million. That means there’re only six sheep per person in the country, a real sign of apocalypse.



Half way between these two towns, at the very top of the Crown Range, we can find the Cardrona valley that gives access to the best ski resorts of the country. Located in the tiny village of Cardrona there’s the old hotel of the town.



Cardrona was first stablished in 1860 as a gold mining settlement like many others at that time. The little hotel was built in 1863 and worked also as a carriage stop. There were as many as four in total in town.



The gold, if any, was all gone really quick. Cardrona was established instead as a commercial point for a few decades. However, the lack of firewood in the area (you can’t find a tree up there) and the hard weather conditions lead to literally move the whole town to a new settlement 23 km northeast in the plains of Otago called at that time Pembroke (renamed as Wanaka later on). Note that moving buildings in New Zealand is not so unusual since the type of constructions made the process easy and cost efficient. For these reasons, Cardrona became a farmer’s town with two hotels, a smith and a couple of stores.



From 1926 to 1961, James “Jimmy” Patterson owned the place. During this time he wouldn’t serve alcohol to women and would limit the drinks served to those going to Queenstown to a single beer or two for to those heading to Wanaka. After him, a few others have managed the place but the current owners (who purchased the business in 2002) have made of the Cardrona Hotel the most photographed pub of NZ and they’ve turned the place into a place of pilgrimage for tourists and locals and a  popular stop for motorcyclists.



Besides all that, the location is spectacular. The Crown Range is a continuous set of 15 km/h bends with impossible slopes and panoramic views of the Wakatipu basin anywhere you look. And that’s why stopping at the Cardrona hotel is a must because the drive is so exhausting that you really need to fuel yourself up by eating a bowl of their gourmet wedges that come with bacon, cheese, sweet chilly sauce and sour cream sitting on a bench under an umbrella in the beer garden. Hydrate your mouth with a Speight’s on a hot day and your day can’t get much better.



After that but before getting to Wanaka, between farmland and dry summer fields, the famous bra fence should be your next photo stop.

Enrique & Marina

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