domingo, 18 de octubre de 2015

TONGA: NADAR CON BALLENAS JOROBADAS EN VAVA’U

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El plato fuerte del viaje a Tonga, saltar al agua y nadar con yubartas o ballenas jorobadas. Normalmente es ilegal bañarse con ballenas (casi todas las especies están en cierto riesgo de extinción) pero en Tonga apostaron por legalizar, de forma restringida y responsable, esta práctica (sigue estando terminantemente prohibido hacer submarinismo con ballenas). La jugada parece que les está saliendo bien.



En el archipiélago de Vava’u (también se puede hacer en Ha’apai) tienen un número limitado de licencias que no ha aumentado en los últimos años con tres operadores principales, yo fui con Whales in the Wild, que tienen mucho cuidado de no hacer tonterías.



Las ballenas jorobadas de Tonga pasan el verano austral (octubre-mayo) alimentándose en las aguas del círculo polar antártico y viajan en invierno a las aguas más cálidas y tranquilas de los trópicos para reproducirse.



De junio a septiembre  las aguas de Tonga reciben la visita de decenas de ballenas que viajan hasta allí para parir. Una vez el ballenato ha nacido deben esperar un par de meses hasta que éste haya almacenado la energía suficiente para viajar hasta las aguas de la Antártida.





La rutina del “día de ballenas” empieza a las siete de la mañana donde los aventureros nadadores se encuentran en el muelle. En cada barco el límite es de ocho pasajeros, el capitán y el guía local. En el agua sólo puede haber cuatro personas y el guía por ballena así que se hacen dos equipos por barco. En caso de que un barco tenga mucha mala suerte y no encuentre ninguna ballena con ganas de aceptar nadadores se llaman entre ellos por radio y se reparten las ballenas simpáticas de forma que, independientemente de la empresa con la que navegues, como mínimo te puedas dar un chapuzón. Una vez se zarpa de Port of Refuge no se tardan ni cinco minutos en ver ballenas, ya sea saltando o simplemente estando por ahí. Los guías las observan unos minutos para ver un poco de que humor están y entonces deciden si intentarán meterse en el agua o no. En caso de ir al agua lo hacen desde unos cien metros de distancia y nadan hacia donde está la ballena (generalmente sumergida, es espectacular la precisión con la que las encuentran) y entonces hacen la señal para que el primer equipo salte. Cada vez que la ballena (no el ballenato) sale a respirar (cada 10-15 minutos) se cambian los equipos y así hasta que mamá se cansa de los turistas y decide alejarse. Hacia las dos o tres de la tarde se hace la parada para comer (bocadillos, galletas, zumos, fruta fresca… van muy bien pertrechados en los barcos) en una playa paradisíaca. Después de comer se buscan ballenas un ratito y, antes de volver a puerto, se hace una parada en algún lugar interesante para nadar y hacer snorkel. Antes de las cinco todos los barcos están amarrados en puerto y los aventureros estamos en tierra contando las batallitas del día.



Esta vez, a diferencia de Filipinas, hay fotos y vídeos submarinos del viaje gracias a Jason Orr, chef y amiguete de Blanket Bay, que me dejó su GoPro (me pido una para Reyes).

Madre y cría, ballena y ballenato



De los siete días que estuve en Tonga dediqué tres a la actividad estrella de nadar con ballenas.



Las ballenas más buscadas para nadar son las madres con cría y yo tuve la suerte de encontrar varias.





Una vez en el agua se ve a la madre ballena sumergida inmóvil a unos diez metros de profundidad, tan quieta que parece de mentira. Al poco de estar ahí flotando en la superficie observando a la ballena es cuando empieza la magia.







Algo se mueve debajo de la ballena. El pequeño ballenato asoma la cabeza por debajo de la madre y nos mira directamente a los nadadores. Una vez nos ha contado y recontado decide que no somos una amenaza, reúne todo el valor que puede, abandona la seguridad de la madre y sube a la superficie a respirar.











Es muy divertido fijarse en el comportamiento del ballenato. Hubo uno en concreto, muy pequeño, que al principio subía, respiraba precipitadamente y bajaba otra vez. Después de hacerlo tres o cuatro veces se decidió a acercarse un poco a nosotros a ver qué hacíamos ahí. Una vez estuvo a unos tres o cuatro metros del grupo le dio un ataque de timidez y volvió con la madre, a la que debió contarle una mentirijilla que la hizo subir a respirar y alejarse un poco, pero no los suficiente como para que el otro equipo no pudiese saltar al agua.



La rutina se repitió de tal modo que cada equipo pudo nadar dos veces con la ballena y el ballenato, hasta que el ballenato se cansó de tanta atención y la madre tuvo que aguantarlo cerca de la superficie.



Fue una imagen muy tierna pero el guía dio el encuentro por acabado para que el ballenato pudiese descansar.

Ballenato juguetón



Un día nos encontramos con un ballenato que estaba ya en el límite de poder emprender el viaje a la Antártida. Un adolescente, y como tal, estaba revolucionado. Las hormonas.









La madre debió llorar de alegría al vernos. Se quedó en el fondo sesteando, descansando de hijo durante un rato, mientras el ballenato nos enseñaba las piruetas que era capaz de hacer tanto dentro del agua como fuera.



Saltó casi encima del guía, nos dio coletazos a todos, salió a respirar en medio del grupo todas las veces imaginables… incluso imitó nuestros movimientos. Y eso que era un bicho más grande que un todoterreno. Esto fue lo más divertido. Si nosotros dábamos una vuelta el ballenato también, si el guía hacía una voltereta el ballenato también, si nos poníamos boca arriba… el ballenato también.



Así hasta que empezó a saltar. Debió pensar que éramos algo tontos porque ninguno de nosotros saltó. Y mientras tanto la madre encantada de la vida de que alguien jugase con su hijo.



Estuvimos entrando y saliendo del agua durante unas dos horas hasta que fuimos nosotros los que nos cansamos de tanta atención y le devolvimos el hijo a la ballena, que a punto estuvo de sacar la cartera y darnos una propina.

El canto del macho

El último día encontramos, en aguas profundas alejadas de las islas, a un macho cantando. Las ballenas no tienen cuerdas vocales así que emiten sonidos con el aire que tienen en las fosas nasales. Tanto machos como hembras pueden emitir vocalizaciones pero son únicamente los machos los que “cantan”. En Tonga dicen que es para atraer a las hembras.

Supimos que había un macho cantando cerca de donde estábamos porque paramos el barco para ver si veíamos ballenas y de repente todo vibraba. El guía lanzó el hidrófono al agua y averiguó la zona por la que debía estar el macho. Todos nos pusimos a mirar hacia allí.

Una vez salió a respirar, bastante lejos por cierto, lo seguimos hasta que se sumergió otra vez. El guía saltó al agua y lo localizó estático a unos quince metros de profundidad. Saltamos al agua y nos situamos encima del macho, al que era muy difícil de ver porque el agua estaba muy turbia.



Y empezó a cantar otra vez. Es una sensación muy extraña ya que el agua entera transmite las ondas que crea la ballena de tal manera que te vibran los huesos desde dentro haciéndote sentir como un diapasón. Impresionante. Me ahorraré las descripción porque tengo el vídeo de la experiencia.

Swallows Cave

Antes de volver a puerto en el último día de ballenas fuimos a Swallows Cave. Es una cueva donde viven miles de sardinas y nadar entre ellas es muy divertido.



El agua es cristalina y el sol entra por los orificios naturales de las rocas que forman la entrada a la cueva.





Los haces de luz atraviesan el agua e impactan en las escamas de las sardinas, que están en constante movimiento, generando unos bonitos juegos de destellos y reflejos.







Mafana

Las últimas dos noches de mi estancia en Tonga las pasé en la isla Mafana. En ella hay cuatro cabañas para los huéspedes del Mafana Backpackers, al que se llega en barca desde la isla principal, en un trayecto que dura un cuarto de hora si no hay muchas olas.





La casualidad hizo que durante esas dos noches yo fuese el único huésped de la isla, por lo que estuve como Tom Hanks en “Náufrago”, con la salvedad de que no me puse a hablar con ninguna pelota de volley ball ni me tuve que arrancar una muela con un patín.





Estuve alojado en una de las dos cabañas-árbol que hay en la playa, una de las suites, ya que tienen un barril con agua de lluvia en la parte trasera con la que te puedes dar una ducha. Evidentemente no había electricidad ni agua corriente por lo que el lavabo era compostable (un cubo, hablando en plata) y, atención, no había wifi.





La verdad es que estuvo muy bien. Dormí a la altura de los cocoteros, sobre las olas en una cabaña sin puertas, en un colchón en el suelo rodeado por una mosquitera.



Y aquí doy por acabada mi crónica de Tonga, la próxima vez volveré con Marina y con un montón de pastillas para el mareo para que pueda lanzarse al agua con las ballenas.



Enrique


English version

TONGA: SWIMMING WITH HUMPBACK WHALES IN VAVA’U





So what was really the reason why Enrique left to Tonga leaving his lovely, caring and super hot girlfriend behind on her first week at her brand new job? Well, it was his other true love: the whales. And fair enough considering that, although I’m a pretty tough girl 95% of the time, I’m a total failure when it comes to get into boats, planes and anything that can move unsteadily.

His mission in Tonga was, actually, jump to the water and swim with yubartas humpback whales or yubartas. Swimming with them is generally illegal (most species are endangered) but in Tonga they chose to legalise this practice establishing a very strict and responsible scheme. Moreover, diving arround them was still kept illegal and their strategy seems to be working quite well so far. 




In the archipelago of Vava’u (you can also swim with them in Ha’apai) there’s a limited number of this type of permits which hasn’t gone up with the years. There’re three main operators and he choose Whales in the Wild who are very serious about the whales wellbeing.


Tongan humpback whales spend their Austral Summer (October-May) getting fed in the Antartic Circle waters and then travel to the tropics to spend the winter and breed in quieter and warmer seas.


From June to September dozens of whales visit the Tongan coast to give birth. Once the calf is born they will still spend a few months storing energy reserves up before starting their journey to the cold Antarctic waters. 




The “whale swimming days” started at 7 am, meeting all the other swimmers and crew at the wharf. Each boat has an eight passengers limit plus captain and guide. There’s a strict limit of four people and a guide swimming at the same time per whale, which means that each boat carries two groups. However, if a boat is not spotting any whales, the captains can call each other and share the friendliest animals. In this way, no matter what company you choose, it’s almost certain that you’ll see a whale and, at least, have a quick swim besides it. 

If doesn’t even take five minutes to see a whale jumping or chilling in the water once you leave Port Refuge. The guides will observe them for a few minutes to check their mood and assess wether jumping will be safe or not. The guides are the first ones to jump in from about 100 m far from the animals. Even thought they’re normally submerged, these guys find them with the precision of a surgeon. Once they’ve been clearly spotted the first group is allowed into the water. It’s normally a group of a mum and a calf that you’re swimming with so it works that every time the little one reaches the surface to breath (every 10-15 minutes) the group of swimmers changes over until mum decides to change location. At around 2 or 3 in the afternoon we had a lunch break in an isolated white sand beach. After that we spotted a few more whales, visited a few other interesting places to swim and snorkel and before five o’clock all the boats were back on shore and everyone on dry land. 




As opposed to our diving trip in the Philippines, this time Enrique has lots of pictures and videos thanks to Jason Orr, our good friend and former chef at Blanket Bay. He lent his GoPro to Enrique for the trip and now he’s asking for one for Xmas. Thanks, Jason.

Mum and bay, whale and calf



Enrique spent three out of the seven days Enrique spent in Tonga on whale swimming trips.


The highlight of the whale watching is finding whales with newborns and he was lucky enough to fins a few of these pairs.






From the water, whale mums are submerged about 10 meters below the surface and so still that look unreal. After a while floating on the surface and looking at the massive animal the magic begins.






Something moves under her. It’s the little one sticking out under his mummy and looking straight at them. The little fella thinks for a bit and counts them and counts again and decides those people are not a threat. Then, he gets all his courage, leaves mum behind for a bit and reaches the surface to take a breath.













Enrique loved spending some time studying the whale’s calf behaviour. He tells there was this tiny one who, at the beginning, would reach the surface, take a quick breath and go fast down again. After two or three times he decided to get a bit closer to the group and have a nosy. He got up to three or four meters close to them until he felt too shy and swam back with his mum. Then, big mummy went up to check the situation out, get some fresh air and move a bit her fins but not too much so the next group of swimmers still could jump into the water to meet the family. 


That cycle went on enough times for each group to swim two times with that pair. Then, the calf got a bit tired with so much attention and the mum had to keep him close to the surface.




At that point, their guide decided to leave them alone so they could have a rest and the little animal won’t be distracted.

The playful whale calf


In an occasion, Enrique and his mates encountered a whale calf that seem almost big enough to start his migration to the Antarctica. As any other teenager, he was excited too. The hormones, they say.








The mum of that kid was probably crying of happiness and having a well deserved rest of playing when the group meet them and her child decided to start a full recital of aquatic acrobatics. 


The calf jumped almost on top of their guide, splashed everyone with his tail, chose to go up to breath in the centre of the group of swimmers and even copied their human movements. However, the young whale was bigger than a ute and that’s probably why it was so funny. If the guys turned arround, the calf would; if they did a flip, he would too and even when they got belly upwards… the whale did so. 


Then he started jumping. The animal might thought that they were all stupid or impaired because no one followed him. And in the meantime, mum was probably having the nicest nap in the last few months while those humans were babysitting her son. 


After two hours of the two groups jumping in and out the water, in this case it was them who were too tired to keep up and Enrique and the rest decided to leave the calf to go back to his well rested mum.

The male whale's song

On the last day they encountered a male whale singing in very deep waters. Whales do not have vocal cords but they make sounds using the air on their nostrils. Both genders can make sounds but only males can “sing”. It’s said in Tonga that they do it to attract the females.

They could find the singing male because they stopped the boat searching for nearby whales and they realised that everything around them vibrated. The guide threw the hydrophone to the water and tracked the area where the sound could come from. 



They were all staring at that point and eventually the animal climbed up to breath and back down again. The guide went into the water and located the big whale steady at fifteen meters beneath the surface. All the passengers jumped into the water and stayed in the surface over the big mammal, which was almost not visible since the water was very turbid. 




And there he went again. Enrique described the feeling as a very extrange sensation that you can feel in your whole body because all the water is transmitting the waves coming from the whale. Thus all your bones, muscles and guts vibrate and you feel like an oversized tuning fork. Watch the video, but I reckon you can only feel all that if you’re right there in the water.

Swallows Cave


And the same day, before going back to shore, they sailed past Swallows Cave. This is home for thousands of sardines which made great swimming companions. 


The water there was very clear and the sun get through natural holes made in the rocks.






The light beams break through the water and get reflected in the constantly moving sardines’ skin creating amazing reflection effects. 







Mafana

Enrique stent his last two nights in the island of Mafana. There’re four shacks in the island, only for guests of the Mafana Backpackers, and from the main island you get there by a fifteen minute boat ride if the sea is not too bad.




As it happened, there was no one else in the island for those two nights. He felt a bit like Tom Hanks in Cast Away despite the fact that he didn’t get to the extreme of befriending a volley ball or taking a tooth out using an ice skate. 




He stayed in one of the three-suites in the beach. It was a suite because there was a drum with rain water at the back for him to get a shower. There was obviously no power or running water (composting toilet AKA bucket) but there was wifi to post pictures on Instagram. Just kidding, Enrique doesn’t have Instagram (and there was no wifi either).




He loved it (I would have too!). Sleeping on a coconut three, overhearing the sea waves in a cabin with no door, a mattress on the floor and protected with a mosquito net. Ahh!!!


And that’s all about his Tongan experience. Are you jealous? If you are, imagine me! I not only had to listen to it (more than once) but also translate his stories! However, I’m happy because he’s promised he’ll go back with me and we’ll carry about a ton of motion-sickness pills so I can jump into the water with some cute little whales!



Enrique (and Marina)



5 comentarios:

  1. LLEVABA TIEMPO SIN LEEROS. ME HAS DEJADO ALUCINADO Y LLENO DE ENVIDIA, CABRONCETE, DE BUEN ROLLO. HE DISFRUTADO COMO UN ENANO Y ME HAN ENTRADO UNAS GANAS LOCAS DE IR A NADAR CON BALLENAS. NO VAN TAN RÁPIDAS COMO LOS ATUNES PERO CREO QUE SON BASTANTE MÁS IMPRESIONANTES, UAUUUUU!!!!!!!!!!!!!!!

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    1. No está mal eh! Ya sabes, el próximo viaje... a Tonga.

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  2. Qué preciosidad (y qué envidia!) Enrique

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    1. Esto no es nada comparado con ver a David haciendo un calvo en las playas de Boavista. La única ballena blanca que he visto hasta la fecha.

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    2. Stevenson podría escribir otro libro al respecto... jajajaja!

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