miércoles, 28 de mayo de 2014

Y DE REPENTE, INVIERNO

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Así, sin más, ha llegado el invierno a Glenorchy. Ya hacía días que venía avisando con heladas matutinas pero anoche definitivamente el otoño se fue a descansar hasta el año que viene.






Al salir de Blanket Bay, a las once de la noche, estaba nevando pero los nativos del lugar nos dijeron que sería muy raro que la nieve cuajara. Esta mañana tenemos un palmo de nieve. Menudos futurólogos.




Todo el mundo está poniendo los esquís a punto para la nueva temporada, que parece que se adelanta.



En otro orden de cosas, hace unas semanas nos llamaron pidiendo “voluntarios” para ayudar a vendimiar en unos viñedos muy pequeños a las afueras de Queenstown. Yo no pude ir pero Marina aceptó encantada y se fue a echar un cable a las bodegas Valli en el valle Gibbston.



La variedad de uva que cultivan es la Pinot Noir, que necesita unas condiciones muy particulares para crecer y por la que los vinos neozelandeses son mundialmente reconocidos. La producción de Valli es tan escasa y exclusiva que sus vinos no se encuentran en las tiendas o supermercados, los venden directamente a hoteles y restaurantes.




Al ser una empresa tan pequeña, en lugar de contratar a gente para hacer la vendimia lo que hacen es llamar a los hoteles y restaurantes donde venden sus vinos a ver si los camareros y cocineros les ayudan a recoger uvas. Ellos, a cambio, ofrecen desayuno, comida y una visita a las bodegas guiados por el dueño del tinglado. Y vino. Marina volvió a casa con una botella de Pinot Noir que en Blanket Bay vendemos por unos 160 euros. Casi nada.





Hace un par de semanas fue el festival de otoño en Arrowtown, pueblecito pintoresco cercano a Queenstown que nació a raíz de la fiebre del oro años ha. Fuimos al festival con Joan y Èlia, que ya están más asentados en Queenstown. Tanto que hace poco fuimos a su casa a cenar cordero. Rico, rico.



La verdad es que el festival no fue muy interesante, pero estuvo muy bien ver los diferentes colores de los árboles en otoño… y a Marina buscando oro. Con un poco de ayuda del “señor del oro” acabó encontrando un poquito, que devolvió a la bañera para que el resto de niños pudiesen encontrarlo.



Y ya para acabar esta actualización, cortita, os dejamos un par de fotos. La primera es de nuestro nuevo cortacésped: se llama Luna y lleva unos días escapándose de su cercado para venir a comer nuestra hierba. Afortunadamente no sube escaleras.



La segunda foto es de Snowy, la oveja e los niños del vecino, aunque por el tiempo que se está en nuestro jardín podemos decir que la tenemos adoptada.



Volcanes inquietos

En los días de los Dioses muchos volcanes y montañas vivían felices  en Taupo, en el centro del Pez de Maui (recordemos, la Isla Norte de Nueva Zelanda). Pero la convivencia desgasta y empezaron a surgir roces entre ellas. Algunas de las montañas y volcanes viajaron al norte, otras al sur, siempre durante la noche, hasta que el amanecer las hacía detenerse. Tongariro, Ruapehu y Ngauruhoe fueron los únicos volcanes que se quedaron en Taupo (son actualmente los tres únicos volcanes activos de la zona). Sus hijos son el granizo, la lluvia, la nieve y el aguanieve.

Antes de la gran desbandada de montañas Tongariro tomó por esposa a Pihanga, una pequeña montaña situada cerca de la zona de Taupo. Pihanga amaba a Tongariro, lo que no evitó que Taranaki (activo actualmente también) intentase conquistarla. Tongariro, al enterarse, explotó de ira lo que hizo huir a Taranaki hacia el oeste.

Taranaki se fue con tanta prisa y con tan poco cuidado que dejó tras de sí un tremendo corte en la Tierra, lo que es hoy en día el río Whanganui (el río navegable más largo del país). La luz del día lo detuvo justo al llegar al final de la tierra, donde se encuentra hoy en día. A veces Taranaki amanece cubierto de niebla, porque recuerda a Pihanga, a lo que Tongariro responde hirviendo de ira hasta que una nube negra cubre su cima.

Y así permanecen hoy en día, hasta que otra noche mágica les permita volver a moverse.

Enrique & Marina

English version
AND SUDDENLY, WINTER FELL



And then, winter started in Glenorchy. It’s been warning us for a while actually, with morning frosts and cold but yesterday night autumn definitively left to have a rest until next year.






At the time when Enrique was leaving Blanket bay, around eleven at night, it was snowing lightly and the locals we saying that the snow won’t stay on the ground, that it would melt. This morning we had about 20 centimeters of snow on our doorstep. Not very good futurologists, these locals.




Anyway, now everyone is getting their ski gear ready to start the season as it may start earlier.



Changing the topic, a few weeks ago we got called to volunteer picking grapes in a little vineyard near Queenstown. Enrique couldn’t make it (because he was working that day) but I could and went to the Valli vineyard in the Gibbston Valley region.



The grapes we went to pick that day were Pinot Noir, which need very particular conditions to grow strong and healthy and make the New Zealand wine well-known all over the planet. Valli is a tiny vineyard and their wine is very exclusive, thus their products are not sold in liquor shops or supermarkets but only in hotels and restaurants.




The Company is so little that instead of hiring lots of hands to pick the fruit, they invite friends and colleagues from the industry to help doing the harvest for a few hours. In exchange they organize some lunch, smoko and a guided show-around the factory. And wine. I came back with a bottle of pinot noir that we sell for over 160$ in the lodge plus a lovely Riesling. Not bad at all.





Some other day not long ago, there was the Arrowtown autumn festival. Arrowtown is a picturesque little town born during the New Zealand gold rush which counted with lots of Chinese settlers among others.  We went to have a look with Joan and Èlia to see what was going on. Now they’re pretty well established in their new home in Queenstown. So well that we decided to have a roast diner at their place, just to be nosy and check their place out really. Yum yum!



The festival was just ok, but Arrowtown is well known because of the beautiful colors of its trees and surroundings during autumn. So that was an interesting chance for Enrique and Joan to take lots of pictures… and also for me to look for gold. I had a bit of help with the “gold panning guy” but at the end, we found a tiny gold pepita. Which I putted back in the gravel bath so other kids could play after me, too.



To end this (short) post we leave you a couple of pictures. In the first one there’s our new organic lone mower: her name is Luna and she likes to run away from her paddock to come to our lone and keep our grass low. Thank you. We’re lucky that she doesn’t climb stairs.



In the second one we have Snowy, the neighbor kids’ pet sheep. Although judging with the time it spends in our garden and the attention we pay to it, we should better say it’s our adopted pet sheep.



Restless volcanoes

During the God’s era, most mountains and volcanoes used to live in Taupo, in the centre of Maui’s fish (a reminder: that was the North Island of New Zealand). But, as you know well, living with someone can wear you out and make you feel bitter. Thus, some mountains decided to move north, others south, always at night until the sunrise made them stop. Tongariro, Ruapehu and Ngauruhoe were the only three staying in Taupo (also, they’re the only three currently active volcanoes of the area). Rain, snow, hail and sleet are their sons and daughters.

Just before all this mountains split up, Tongariro married Pihanga, a little hill near Taupo. Despite Pihanga loving Tongariro, Taranaki tried to seduce her. When her husband found out, exploded in anger and consequently, Taranaki ran away to the west.

Taranaki left so suddenly and carelessly that left a huge mark behind his steps on the Earth. That gap is now the Whanganui River and is the longest sailable river of the country. The sunlight stopped Taranaki’s way just at the end of the land, where he still sits. Sometimes, he wakes up covered with fog, that’s when he thinks about Pihanga. Then Tongariro boils up full of anger until a black cloud cover his summit.

That’s the way they’ve been up to this moment and they’ll be until another magic night allows them to move again.

Enrique & Marina

miércoles, 7 de mayo de 2014

DE ESCALADA CON JAMES

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Mucha gente pregunta a los alpinistas el por qué de subir montañas, que si ya son ganas, que si luego vas a bajar, que si en la cima te estás lo justo para la foto y como mucho el bocadillo de chorizo... Un poco como el niño que hace años le preguntaba a su padre en un anuncio de la tele “Papá, ¿Por qué somos del Atleti?” Ahora claro, después de esta temporada, la respuesta está clara. Partido a partido.

Pues la escalada tiene un poco de ese aparente sinsentido. Una persona escaladora ve una pared y siente la necesidad imperiosa de escalarla y una vez llega arriba no se para a comer el bocata, baja pitando haciendo rappel y vuelve a subir la misma pared un metro más a la derecha porque por ahí es más difícil. Una vez hecho esto lo pone en Facebook, dejando patente que es un rara avis entre tanto runner modernillo, donde como mucho tendrá algún “me gusta” de amigos cercanos o familiares habituados a las rarezas del niño. O la niña. Que las paredes no distinguen.



La escalada tiene un “pero” que puede ser grande o pequeño dependiendo de las habilidades sociales del escalador. Se necesitan dos personas. O eso, o ser muy valiente y seguro de uno mismo.

Uno de los chefs que vive con nosotros, James el canadiense, es una de estas personas aficionadas a subir paredes. Es una persona socializada con normalidad, pero por muy simpático que seas, las probabilidades de encontrar a una pareja de escalada en Glenorchy son escasas. Obviando, claro está, a la gente del DOC, que son personas que ven un programa de Desafío Extremo y no entienden cómo Calleja tarda casi una hora, anuncios incluidos, en subir y bajar del Annapurna, dormir, tener diarrea y bromear con medio Nepal. Los del DOC son todos Chuck Norris.




En fin, que me pierdo. La cuestión es que Marina hizo escalada en el rocódromo de la UPC hace unos años y no le gustó. James se enteró (sólo de la primera parte) y nos sugirió ir a subir paredes a lo que Marina aceptó encantada (ella tampoco debió enterarse que no le gustó la escalada tiempo ha) y yo me apunté por probar.



James tiene un libro (Queenstown, Rock, Ice and Mountains) donde están todas y cada una de las paredes escalables del área de Queenstown, con rutas de acceso explicadas más o menos bien. Así que cogimos los bártulos y nos fuimos a Chinamans Bluff, a media hora de casa por un camino que podría ser del rally Dakar.



Una vez allí nos metimos por  el bosque en busca de la pared-objetivo del día. Era una pared rocosa facilita apta para no iniciados. James fue el primero en subir mientras Marina le aseguraba. James debe rondar los 90 kg de masa (900 N de peso aprox.) y Marina no supera los 50 kg, así que os podéis imaginar, en el evento de una caída de James, el “efecto ascensor” que habría ocurrido. Para los que no tenéis imaginación, os dejamos por aquí una foto de Marina en un momento en que James se “colgó” para ver cómo aguantaba.




Todos acabamos subiendo un par de veces los recorridos que James llevaba pensados y él acabó pagando la novatada de ser primerizo en esto de ir de excursión por estos lares. Vino en manga corta y sin calcetines, lo que implica una irremediable tortura por gentileza de las sandflies. Aprendió la lección, suponemos.



Unos días más tarde fuimos, esta vez sin Marina porque trabajaba, a The Sundial: una roca enorme que hay en medio de las Remarkables a las afueras de Queenstown. Hasta allí fuimos con Aaron, un guarda del DOC con el que James contactó por Internet.



The Sundial es uno de los puntos de escalada más espectaculares de la región de Queenstown, pero debido a la dificultad para llegar hasta ahí no es nada concurrido. Las indicaciones que debíamos seguir eran del estilo “salta la valla anticiervos y sigue el riachuelo durante cincuenta metros hasta un matorral verde, gira a la derecha procurando no despeñarte y busca una cuerda podrida junto a una roca enorme…”.



Llegamos hasta la famosa roca después de unas dos horas de cursa de orientación por unas montañas escarpadas como Montserrat.



Afortunadamente tuvimos un día meteorológicamente perfecto por lo que pudimos disfrutar de las vistas del Lago Wakatipu y Queenstown.




The Sundial no es para principiantes así que escalar, yo escalé más bien poco. Me entretuve subiendo la montaña al estilo tradicional y haciendo alguna que otra foto de Aaron y James, ellos sí, escalando.





Al final encontraron una vía por la que pude llegar a la cima de la roca y por la que pude descender haciendo algo parecido a rappel con la ayuda de James.



Volviendo al coche nos perdimos así que acabamos siguiendo sendas de ciervos y avanzando reptando a través de zonas llenas de arbustos espinosos. Fue un entretenido y divertido punto final para el día de escalada.

Matau, el gigante de Wakatipu

En el highcountry de Murihiku (actual zona de Otago en la Isla Sur) vivían Manata y su amante Matakauri. El padre de Manata no quería que se casasen así que pactó casarla con un jefe tribal de las llanuras.

Una mañana Manata desapareció. No se había llevado ninguna de sus pertenencias. Todo era muy misterioso hasta que uno de los hombres que la buscaban encontró una huella enorme en el suelo y otro recordó que la Tierra tembló la noche anterior. Matau, gigante temido que vivía al otro lado de las montañas, la había secuestrado.

El padre de Manata prometió darla en matrimonio a quien la rescatase. Nadie movió un dedo, excepto Matakauri que se dirigió veloz hacia las montañas. Pasaron los días y Matakauri logró encontrar a Manata, que le rogó que se marchara, ya que si Matau despertaba lo mataría. Matakauri le dijo que el gigante sólo se despertaría con un cambio de viento, y en esa época del año no iba a producirse.

Matakauri llevó a su amada al poblado, pero advirtió que su misión no había acabado. Pronto el viento cambiaría y Matau el gigante querría su venganza. Volvió a cruzar las montañas hasta donde estaba el gigante, durmiendo con la cabeza apoyada en una montaña y los pies en otra, a kilómetros de distancia. Matakauri trabajó día y noche sin descanso apilando hierba y ramas secas alrededor del gigante durmiente.

Una vez acabó su trabajo le prendió fuego al gigante, que se consumió entre las llamas. El fuego fue tan intenso que prendió hasta el terreno, creando una depresión enorme entre las montañas con la forma del gigante estirado. Entonces vinieron las lluvias y la nueva depresión se llenó de agua, creando el lago Wakatipu. En lo más profundo del lago está el corazón del gigante Matau, que aún late, y es por esto que el nivel del agua del Lago Wakatipu sube y baja periódicamente. Glenorchy está situado en la cabeza del gigante y Queenstown en las rodillas.

Enrique & Marina
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ROCK CLIMBING WITH JAMES



A lot of people ask alpine mountaineers the point of climbing a mountain: why do you bother, you’re coming back down anyway, you stay at the summit just enough time to take a picture and eat a sandwich…

Rock climbing it’s got also a bit of this apparent nonsense. The rock climber sees a rock wall and feels the uncontainable necessity of climbing it up and then, once he’s at the top, instead of having a snack enjoying the views, he rappels back down and quickly gets ready to climb the same wall a meter further on the right, as it’s more challenging. They’re the oddity on our Facebooks crowded of hipster runners and triathletes. Like!



This practice has got a handicap that can be small or big depending on the social skills of the climber. You need two people to start. Or, you should be very well skilled, confident and find a suitable lane to be on you own.

James, the Canadian chef who lives with us, is one of these odds who climb walls on their free time. His social skills are good but, no matter how friendly you are, the chances of finding a rock climbing buddy in Glenorchy are limited, especially if you work in hospitality and you get random days off. That’s if you don’t count DOC rangers, who are a different animal spices: half human, half Chuck Norris.




But let’s get to the point. I did some rock climbing training in the climbing gym at Uni years ago and, although it particularly wasn’t my cup of tea, I know how to secure other people and these things. So when James suggested to go to a real wall to do some climbing I accepted happily to see if it gets any better when it’s outdoors and Enrique joined too, just to try.



James’s got a book (Queenstown, Rock, Ice and Mountains) with every single climbable wall in the Queenstown area and as clear as possible directions to get there. As a first trial, we went to then Chinamans Bluff, about half an hour far from our house on a backcountry road.



Once there, we walked thought the beech forest looking for the wall target of the day. It was an easy rocky wall suitable for beginners like Enrique and me. James was the first on going up (the first climber has to secure the rope and stuff like this) while I was securing him. James may be around 90 Kg (that’s 900 N in force) and I’m less than 50 kg. But in the next picture you’ll see me while doing a trial as James left himself hanging to see if the combination worked.




We all climbed the wall one or two times on different lanes. Then, we had to leave as James was on a T-shirt and no socks: huge mistake when you’re outdoors in sandflies’ territory. Fortunately, these insects are not as annoying as their West Coast siblings and their bites weren’t as itchy as hell fire like the ones I got in Lake Paringa. Now, we both have learnt the lesson.



A couple of days later, they went to the Sundial without me because I was at work. Instead, Aaron, a DOC ranger who James met on the Internet, joined them. The Sundial is a huge rock located the middle of the Remarkables in the outskirts of Queenstown and very popular rock climbing spot.



Despite being a stunning rock climbing wall in the Queenstown area, its difficult access makes the place anything but crowded. The directions we had were kind of “jump the deer fence, follow the creek fifty meters upstream until you find a green bush, turn right there and watch out not to fall down the cliff, then look for a half rotten rope by a huge rock…”



After a couple of hours of this orienteering race on the sharp mountains of the Remarkables, they got to this famous rock.



Luckily, the day was meteorologically perfect and the views of Wakatipu and Queenstown were stunning.




The Sundial is not particularly for beginners, thus Enrique climbed just a little bit. But, he could climb the mountain in the “classic” way and found good spots to photograph Aaron and James as they did the real rock climbing.





At the end, they found a lane suitable for Enrique to climb to the top and go back down rappelling with James help.



As they didn’t have any women in the group, they got lost on their way back to the car. They had to follow deer paths and crawl under prickly bushes to find the track. Enrique says it was actually a fun and entertaining way to finish the day. Yeah, sure.

Matau, the giant of Wakatipu

Long time ago, in the Murihiku Highcountry, used to live Manata and her lover Matakauri. Manata’s father didn’t want them to marry, so he arranged a marriage between her daughter and a chief of the plains tribes.

One morning Manata disappeared. All her belonwings were in her whare. Averything was very misterious until one of the men that were looking for her found the print of a huge foot in the river clay. Another man said that he felt the Earth shaking last night… It was Matau the giant who kidnapped Manata.

Manata’s father promised to give her in marriage to the brave person that rescues his daughter. No one volunteered except for Matakauri, who went to the mountains. After some days Matakauri found Manata. She prayed him to leave because Matau would kill him if he awakes. But Matakauri knew that the giant would only awake when the wind changes, and that wasn’t going to happen during that time of the year.

Matakauri took Manata to their villaje, but went back to Matau’s place to finish his misión. Sooner tan later the winds were going to change and Matau would look for revenge. He found the giant sleeping with his head pillowed in one mountain and his feet in another, miles away. He piled dry wood and kindling all around the giant during days.

Once that was done, he sat the giant on fire. The flames were so intense that even the ground start burning and a huge depression with the sleeping giant’s shape was created. Then, the wet season came and the new depression got filled with water creating the lake Wakatipu. At the very bottom of the lake, the heart of Matau the giant is still beating and that’s why the level of lake Wakatipu rises and drops periodically. Glenorchy is located in Matau’s head and Queenstown at his knees.


Enrique & Marina