lunes, 28 de octubre de 2013

JESTER HOUSE


Click here to read the English version

Llevamos ya un par de semanas con la familia Richards en Jester House y hemos pensado que, antes de hacer la clásica actualización con nuestras hilarantes aventuras vamos a enseñaros dónde estamos, porque merece la pena verlo.



Steve y Judy Richards se casaron el 25 de agosto de 1986 y, justo un año después, nací yo. A pesar de todo no nos hemos conocido hasta ahora. En el año 91 compraron unos terrenos a las afueras de Tasman (esto es como decir a las afueras de Villar de Argañán) donde han construido, poco a poco, lo que hoy es el famoso Jester House Café, donde entre otras cosas, puedes dar de comer a anguilas salvajes.



Lo de las anguilas viene de los anteriores dueños de la parcela. Como si de la Carpa Juanita de Vilanova i la Geltrú se tratase, tenían enseñadas a las anguilas de su tramo de riachuelo a comer de la mano, más o menos ya que alguna tiene una boca que como te despistes te quedas sin mano. Steve y Judy simplemente las alimentaron de forma más regular, de tal manera que ahora siempre andan por ahí por lo que los clientes del bar pueden bajar a darles trozos de pollo si son valientes.



Este tipo particular de anguilas son endémicas de Nueva Zelanda. Llegan a las costas del país arrastradas por las corrientes cuando aún son consideradas como larvas. Una vez en la costa remontan los ríos, donde desarrollan la práctica totalidad de su vida. Después de unos años (entre 35 y más de 100) creciendo en los ríos emprenden su primer y último viaje hacia las islas de Tonga, en donde se encuentran todas, montan una fiesta y se reproducen, o viceversa. Con lo mal que señalizan todo en este país nos cuesta entender cómo se lo montan para llegar a Tonga.

De todas maneras la joya de la corona del Jester House Café es el jardín. En él han mezclado elementos de fantasía muy bien conseguidos con piezas de arte hechas por artistas locales o por Steve, que es chef profesional y escultor en sus ratos libres.



Tienen, por ejemplo, el bosque encantado, en el que uno puede sentarse en el trono de madera del cuentacuentos, presidiendo el círculo de piedras donde se sentarán los escuchantes, bien protegido por dos animales indeterminados hechos de madera.



Puedes encontrarte también con la tostadora gigante de leña, hecha con maderos destinados a arder en la chimenea, o con un pozo por el que asoman un par de manos esqueléticas.



Y en caso de estar un poco aburrido siempre se puede echar una partida de ajedrez gigante o jugar con el oscilador-anguila que Steve construyó hace unas semanas.




Se puede dar de comer a anguilas, tienen un jardín encantado, obras de arte por todos lados, la comida es de muy alta calidad… ¿Algo más? Sí, “La Bota”. Steve y Judy ofrecen alojamiento en una bota, que para que os hagáis una idea, se encuentra oficialmente entre los hoteles más pintorescos del mundo.




Nosotros estamos alojados en una zona de la propiedad a la que llaman “El Pueblo” y que consta de tres pequeños edificios que la hacen parecer una aldea Hobbit.




Nuestra casa está hecha de ladrillos de adobe y, si os fijáis en el tejado, podréis ver que el aislante es césped, directamente. Tenemos un sofá, chimenea, armarios… todo menos cocina.



La cocina, la ducha y el lavabo (compostable por supuesto) están en otro de los edificios de “El Pueblo”, concretamente en el Whare Kay, que en maorí significa cocina.

Entre “El Pueblo” y “La Bota” está el jardín privado, que también se las trae. De hecho durante la primera semana que hemos estado aquí nuestra principal tarea ha sido preparar el jardín para una especie de tour de jardines locales que organizaron para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer. El premio oficioso al mejor jardín fue para Jester House, por supuesto.







En la próxima actualización os explicaremos cómo hemos amasado adobe con los pies, como hemos preparado la solución 500 para el tratamiento biodinámico del jardín y muchas cosas más. Por ahora os dejamos con la historia del origen de las anguilas.

Maui ataca a Tuna Roa

Hina, la novia de Maui, se fue a nadar a un río cerca de su aldea. Mientras estaba en el agua algo la golpeó violentamente, haciendo que casi se ahogara. A duras penas consiguió salir del agua y llegar hasta su cabaña, donde desfalleció.

Una vez se despertó le explicó a Maui que había sido atacada por Tuna Roa, la monstruosa anguila gigante del río. Maui la escuchó atentamente y le juró que se encargaría de Tuna Roa. Durante la noche Maui soñó con el monstruo y su lucha, en la que siempre salía perdedor. Con las primeras luces del día, dio con la solución.

Salió de la aldea, cortó harakeke (flax, parecido al cáñamo) y tejió una inmensa red o kupenga. Fue hasta el río y lanzo su red. Tuna Roa quedó atrapada en ella, pero su fuerza y tamaño eran tales que arrastró a Maui hasta el fondo del río. Afortunadamente Maui logró salir a la superficie, donde invocó a sus ancestros, que le dieron fuerza para enfrentarse al monstruo Tuna Roa cuerpo a cuerpo.

La feroz batalla tenía lugar entre dentelladas de Tuna Roa y golpes de Maui hasta que, con un magnifico puñetazo, Tuna Roa se desintegró en miles de pequeñas anguilas.

Esa noche Hina y Maui contaron a los aldeanos su historia y les enseñaron a tejer redes. Desde ese día los habitantes de Aotearoa tejen redes con las que pescan anguilas, pero no las tejen lo suficientemente grandes para atrapar a Tuna Roa, la mayor anguila de todas.

Enrique & Marina

English version


It’s already been two weeks with the Richards at Jester House and we’ve decided that, before writing our classic update with our hilarious adventures, we’ll show you the place where we are because it’s really unique.



Steve and Judy got married on August the 25th of 1986 and, exactly a year before Enrique was born. Nevertheless, Enrique and they haven’t met until now. On 1991 they bought a piece of land in the Tasman area (this means buying land in the country) where they’ve been building little by little what now is the well-known Jester House Café. In the Jester House you can have lunch or teas, drink great coffee, enjoy the most delicious cakes I can remember and feed tame eels in the stream.



The eels things comes from the previous owners of the block. The eels learnt that this people will give them bread in a particular spot of the stream sometimes. You could hand feed them but it’s probably not the best idea as some of them have huge mouths and they may bite you if you don’t pay attention. Steve and Judy changed the eels’ diet (eels don’t eat bread naturally!!!) and feed them regularly, so now you will always find them in the same place and their clients can go down to the stream and give them chicken with a long (and safe) stick.



This particular type of eels is endemic from New Zealand. They get to their coasts through the currents while they’re still larvae. Once in the coasts, they climb the rivers against the current and spend almost all their lives in fresh water. After a few years (between 35 and over 100) growing in rivers and streams these fish start their first and last journey to Tonga, where they all will meet, have a great party and mate. Must be very difficult for them to find their way to Tonga as the direction signals system in New Zealand is so weak.

Anyway, in our opinion, the greatest gem of Jester House is its garden. There you can find really stylish fantasy elements with art pieces made by local artists o by Steve, who not only is a fantastic chef but also an sculptor during his free time.



For example, there’s the fairy forest where you can sit on the wooden tale-teller throne surrounded by a group of stones where the listeners will sit down and protected by the two misterious wooden animals.



Then, you’ll discover the giant firewood-toaster, made with logs whose destiny was burning in the fireplace, or the wishing well with three enigmatic hands peeking over the edges.



It’s difficult to get bored while you’re in the café but if that happens, you can always play a giant chess game, any other board game-coffee tables available or make the new and “magnificent osc-ell-ator” oscillate.




So, summarizing you can feed eels, explore a beautiful garden, enjoy artwork, taste fantastic food and indulgent treats… Can you ask for anything else? Yes, indeed, you may ask for “The Boot”. Steve and Judy are also the hosts of a self-contained accommodation inside a boot which is listed the 6th of the most unusual hotels ofthe world.




We’re living in a part of the property which is called “The Village”. Three little buildings form a cute complex that looks like a tiny Hobbit village.




We sleep in the “Wiggly Wog” which is made out of mudbricks and, check this carefully, the roof is covered with grass and other plants growing at the top as insulation. Inside we’ve got a couch, fireplace, cupboards and shelves, mirrors and a basin, a part from the bed, of course.



The kitchen, the shower and the toilet (composting, of course) are located in the “Whare Kai”, a different construction of The Village just by the Wiggly wog. The third building is another room called “The Play Station” where other volunteers can sleep, but it’s currently empty.

Between The Village and The Boot there’s Judy and Steve’s gorgeous garden. During our first week here, our main duty was getting the garden to look very smart for all the visitors of the garden trail organized to raise funds to support cancer victims and their treatment in the local hospice. There wasn’t any price for the best garden, but Jester House’s could have been really at the top.







We’ll write about how we’ve mix mud with our feet, how Enrique’s prepared 500 solution for the biodynamic treatment of the garden and lots more things. But we’ll leave it for today with the short legend about the origin of the eels.

Maui attacks Tuna Roa

Hina, Maui’s girlfriend, went for a swim to a river close to their village. While she was in the water, something strongly hit her and almost made her dawn. She struggled to get out of the water and crawled to her little cabin, and then she passed out.

After she regained her consciousness, Hina told Maui that Tuna Toa, the monstrous giant river eel, attacked her. Maui carefully listened her story and swore he’ll take care of the matter with the great eel. At night, Maui dreamt about the river monster and their fight, but he always lost in his dreams. But, the first daylights, he found a system to beat the eel with.

He left the village, cut harakeke (flax) and weaved an enormous kupenga (fishing net). Maui went to the river and threw his kupenga. Tuna Roa felt trapped in the net but it was so big and strong that took Maui to the bottom of the river. Luckily, Maui could reach the surface of the water again. Then, Maui’s ancestors came and gave him the strength to fight the monster of Tuna Roa body against body.

The wild battle involved lots of bites from Tuna Roa and hits from Maui until this last one give the magnificent puñetazo that made the monster split up in thousands of different little eels.

That night, Hina and Maui told their community about their problems with the monster and showed the how to make fishing nets. After this day, the Aotearoa people weave fishing nets to catch eels, but not big enough to stop Tuna Roa, the biggest of all of them.

Enrique & Marina

viernes, 18 de octubre de 2013

TRES DÍAS EN WELLINGTON


Click here to read the English version

Este fin de semana pasado hemos estado en Wellington, capital de Nueza Zelanda, concretamente en casa de Javi y Jayde; gaditano él y kiwi ella. Marina y Javi se conocieron gracias a la afición que comparten de echar un cable a gente que está o tienen la intención de venir a Nueva Zelanda a través de un grupo de Facebook. Yo he estado mirando un poco los comentarios de este grupo y, como dice Javi, la gente no tiene dos dedos de frente así que suerte tienen que gente como él y Marina se pasen por esos grupos a poner un poco de sentido común.



Javi anda camino de los treinta y lleva expatriado ya diez años por voluntad propia (no le ha echado ningún político ni hace vídeos volviendo a Cádiz por sorpresa), el último año y pico en Wellington. Nos acogió en el piso que comparte con Jayde a cinco minutos caminando del centro de Wellington, donde hemos estado genial.

Hay que decir que Wellington es una ciudad muy pequeña por lo que se puede ir caminando a todos lados, si el viento te deja. Si no estoy equivocado Wellington tiene el honor de ser la capital de país más ventosa del mundo. Nosotros tuvimos una suerte enorme con el tiempo, hasta el último día que tuvimos vientos de hasta 140 km/h según el servicio de meteorología del gobierno (el mejor del mundo según un reportaje que vimos la semana pasada, en la televisión pública).



El piso de Javi está en un noveno, donde el aire soplaba tan fuerte que hacía balancearse al edificio entero. Increíble. Y mareante, así que nos bajamos a la calle a hacer un poco el tonto, que vientos así no se sufren a diario (si no eres de Wellington, claro). Como dato curioso deciros que en Wellington nadie tiene paraguas ya que no duran más de unos segundos antes de desmembrarse en caso de atreverse a abrirlo.



El resto del fin de semana el tiempo perfecto, sol y calor, que se acerca el verano. Fuimos con Javi y Jayde a la cima del Mount Victoria, en el extremo suroeste de Wellington (a veinte minutos del centro caminado) donde, vistas a parte, nos encontramos al famoso gusano gigante de la zona; bicho que puede llegar a medir 60 cm y que es la presa preferida del caracol carnívoro de Nueva Zelanda.



Esto es en serio. En “La historia interminable” había un caracol de carreras, pues aquí tienen uno carnívoro del tamaño de un puño que caza gusanos de más de medio metro. Son, con menos glamur, como guepardo y gacela Thompson. Supongo que no hay documentales de las cacerías de estos caracoles porque no hay locutor capaz de narrarlas sin desfallecer. Igual Fidel Castro, habrá que preguntar.

Uno de los principales puntos de interés de Wellington, aparte de Hobbiton (no fuimos), es el jardín botánico.





El jardín es bonito aunque, al igual que en las carreteras de por aquí, la señalización es desesperante. Yo me imagino a una abeja que quiere polinizar una rosa y siguiendo las señales acaba polinizando una margarita y luego, en la colmena, el resto de abejas pues la miran mal porque ahora a la miel que les salga tendrán que llamarla milflores.

No me quiero olvidar de mi pequeño tesoro: el jardín botánico de la capital de Nueva Zelanda está en la calle Salamanca.



Pero esta no es la única presencia española en la zona. En el frente marítimo nos encontramos con una placa pagada por la embajada de España que está dedicada a los neozelandeses que lucharon en defensa de la libertad en la Guerra Civil. No dicen si lucharon con éxito así que no sabemos a la libertad de quién se refieren. Casi que mejor así.



Lo más interesante, de todas maneras, ha sido el museo Te Papa, de entrada libre, como a nosotros nos gusta. Tiene exposiciones permanentes sobre cultura maorí, sobre la inmigración europea (en Te Reo a los europeos se nos conoce como paheka) y sobre la historia natural de la fauna local, tanto terrestre como marina.



Tienen una zona enorme dedicada a los animales que te puedes encontrar en las costas de Nueva Zelanda. Hay 40 esqueletos completos de diferentes cetáceos (una orca, una ballena azul de 25 m, leones marinos…), un cráneo de cachalote y un calamar gigante de más de 12 metros conservado en formol.



Muy interesante todo. Ahora estamos en la isla sur, en Tasman, pero esto ya os lo contaremos en otra actualización. Aquí os dejamos otro pedacito de folklore maorí.

Cuando Maui y sus hermanos detuvieron al Sol

Estaba Maui dormitando en su casa cuando escuchó a sus hermanos quejándose de la escasa duración de los días. ¡Sólo tenían tiempo de trabajar! Tama Nui Te Ra, el dios Sol, salía por las mañanas y avanzaba veloz por el firmamento hasta alcanzar el otro extremo del mundo en poco tiempo.

Maui, cansado de las quejas, les dijo que le siguieran, que iban a capturar al Sol. Los hermanos aceptaron de mala gana ya que veían imposible la empresa. Maui les hizo tejer cuerdas con unas plantas de la zona (Flexes en inglés) y esperaron al Sol justo en el extremo este del mundo. Cuando el Sol fue a empezar su recorrido por el cielo, Maui y sus hermanos lo atraparon con sus cuerdas, que aguantaron sin arder el tiempo justo para que Maui pudiera romperle las rodillas con el hueso mágico de la mandíbula de su abuelo.



Desde ese día Tama Nui Te Ra, el dios Sol, está tullido y avanza lentamente en su recorrido por el firmamento, haciendo que los días sean más largos.

Enrique & Marina

English version


This weekend we’ve been in Wellington, the capital of New Zealand. Particularly, we’ve been at Javi and Jayde’s place, he’s gaditano (from Cadiz, Spain) and she’s kiwi. Javi and I (Marina) met on Facebook via one of the numerous groups of Spaniards living or travelling or doing something in New Zealand.  Some of this people are really really lost, but they’re lucky enough to have people like Javi to bring some common sense to the conversations.



Javi’s heading his 30’s but he’s been living abroad for more than 10 years (because he likes travelling and moving around the world!) and he’s spent the last one in Wellington. He kindly hosted us in the cute apartment he shares with Jayde, his girlfriend. The flat is just five minutes’ walk from the city centre and we’ve felt great.

Wellington is not too big (if you don’t count the suburbs where there’s not much to see, of course). You can actually go walking everywhere as long as the wind behaves. If I am not mistaken, Wellington has the honor of being the world’s windiest capital city. We were really lucky with the weather except from the last day (Monday) when we faced 140 km/h winds according to the Metservice of New Zealand (apparently the most reliable one).



Javi and Jayde’s apartment is in a 9th floor where the winds were blowing so strongly that the whole building was moving. Unbelievable. And dizzy, so we decided to go down the streets to make the fool, because we cannot feel winds like those every day. By the way, I’ll give you an interesting fact: no one owns umbrellas in Wellington because these things won’t last longer than two seconds if someone is brave enough to open them.



But, a part from this day, the weather of the weekend has been spectacular: shinning sun and warm temperatures, we’re heading summer! We climbed the Mount Victoria with Javi and Jayde. The mountain is at the southeast end of the city (about twenty minutes walking from the city centre) and the views of the city and the ocean were amazing. On our way up, Enrique found one of those famous giant worms of the area which can be up to 60 cm long and are the favorite lunch of the carnivorous snail of New Zealand.



That’s serious. In the “Never-ending Story” there was a racing snail, well in Aotearoa we’ve got a snail that eats meat, is as big as a fist and hunts half-a-meter long worms. In a less stylish way, they’re a duo like cheetahs and Thompson gazelles. However, I don’t think there are any documentaries about snails hunting worms because I’m pretty sure there’s no speaker able to narrate their wild encounters and not falling asleep while doing so. Maybe Fidel Castro could, should ask.

One of the best attractions of Wellington (a part from Hobbiton where we didn’t go) is its great botanical garden.





The gardens are beautiful but, as the roads here, the direction signals are just terrible. I can imagine a bee wanting to pollinize a rose, and then it follows the signs and ends up pollinizing a daisy. Later in the beehive all the other bees will look at this bee with a regretful look because now their honey will just get the millefiori category.

Anyway, Enrique found his little present: the botanical garden is located in Salamanca Street which is the city of Spain where his mum was born and where his grandparents still live.



Furthermore, that wasn’t the only Spanish legacy in the capital city. In the waterfront, we found a screen of the Spanish Embassy honouring all the Kiwis who fought in the Spanish Civil War (1936-1939) literally “in defence of the liberty”. The screen doesn’t say if they succeeded or not, so we still don’t know which side they’re talking about. Never mind, it’s better not to know it.



But our favorite place has been the Te Papa museum, with free entry as we like it. It hosts exhibitions about Maori culture, migration movements to New Zealand and local geology, biology and natural sciences.



They’ve got a huge pavilion about the fauna you can find in the coasts of Aotearoa. There’re 40 complete skeletons of different marine mammals (a killer whale, a 25-meters-long blue whale, sea lions, etc.), a skull of a sperm whale and a 12-meters-long giant squid preserved in formalin.



Everything was really interesting. Now, we’re in Tasman, in the North of the South Island, but we’ll tell you about this on our next update. Meanwhile, here is a new little bit of Maori culture.

When Maui and his brothers caught the Sun

Maui was half asleep at home when he heard one of this brothers complaining about how short the days were. They only had time to work! Tama Nui Te Ra, the God Sun, came out in the mornings and quickly run all his way through the sky reaching the other side of the world in a short time.

Maui, sick of listening to these complaints, told his brothers to follow him, that they’ll catch the Sun. They all accepted although they found that was going to be an unreachable challenge. Maui ordered them to weave some ropes with flexes and waited for the Sun in the east side of the world. When the Sun started his daily movement, Maui and his brothers trapped him with the ropes. This ropes resisted the heat of the Sun just enough time for Maui to break the God’s knees using the magic jaw bone of his grandfather.



Since that day, Tama Nui Te Ra, the God Sun, walks slowly and cripple on his way through the sky to the West, making days longer.


Enrique & Marina