jueves, 27 de junio de 2013

NOS VAMOS AL FÚTBOL... AUSTRALIANO


Una de las cosas que más se echan de menos después de unos meses fuera de casa son los asientos del Camp Nou, esto es así. Al señor del puro y a la familia numerosa que llega tarde y se marcha pronto no, pero a la sensación que se siente al subir las escaleras hasta la segunda gradería, asomar por la boca 309 cuando los jugadores aún calientan y sentarte a esperar el espectáculo de Busquets, Iniesta y compañía… qué suerte ser del Barça.

Aquí el fútbol tradicional no se lleva mucho a pesar de que la selección australiana (los socceroos, que se pronuncia sóquerus) se acaba de clasificar para el mundial de Brasil después de batirse en duelo con las potentes selecciones de Jordania e Irak, cosa que podría considerarse bullying futbolístico o burla de la FIFA, en fin.



En Australia lo que realmente mueve masas y genera pasiones es el Australian Rules Football o footie (el Rugby no es ni la mitad de popular que el Australian Rules), que es lo que nosotros conocemos como fútbol australiano. Lo que yo sabía de este deporte antes de iniciar el viaje es que los jugadores van con camiseta de tirantes, que juegan con un balón de Rugby y que son unos brutos.

Nuestro interés por el footie

Ya comentamos en otra entrada que Gwen es la viuda de Peter Crimmins, legendario capitán de los Hawthorn Hawks que murió de cáncer tres días después de que su equipo ganase la Liga (Premiership, única competición y por lo tanto único título en disputa) en 1976, que da nombre a la medalla de Hawthorn al mejor jugador del año y cuya camiseta es la única que está expuesta en el salón del honor del club (club con 150 años de historia). Gwen fue nuestra primera familia en Victoria (cuna del Australian Rules hace casi 160 años) motivo por el cual somos hinchas de Hawthorn. Los Bakes, en cambio, son forofos de los Geelong Cats (ganadores de tres Premierships en los últimos cinco años), enemigo mortal de Hawthorn a los que han derrotado las últimas diez veces que se han enfrentado. Menuda tensión.

Aquí las cosas funcionan diferente

Así como en España cada equipo tiene su propio estadio (algunos desde hace poco) y su propia legión de socios y abonados aquí en Australia el asunto funciona de otra manera. De los 18 equipos que conforman la liga AFL (Australian Football League), 9 son de Melbourne ciudad y el resto están repartidos por el país. En Melbourne hay dos estadios, el MCG (Melbourne Cricket Ground, con capacidad para 110.000 personas) y el Etihad, que es más pequeño. El único equipo que tiene estadio propio son los Geelong Cats y no se lo dejan usar más de un par de veces al año porque siempre ganan si juegan ahí.



La AFL se entiende como un espectáculo total, por este motivo los equipos juegan en estadios independientes repartidos por Australia sin importar de la ciudad que sean los clubes (Se da el caso de que Sydney juega contra Hawthorn en Tasmania o que los Adelaide Crows y los Brisbane Lions se enfrenten en Perth). Dicho esto es más fácil entender que se pueda ser socio de un club pero que no exista la figura del abonado… ¿o sí? Aquí la gente es abonada del estadio en sí, no del equipo. Así Will y Lewis son miembros del MCC (Melbourne Cricket Club) que es algo así como la Tribuna del MCG (Melbourne Cricket Ground), lo que les da derecho a ir al estadio a ver cualquier evento que hagan (fútbol en invierno y cricket en verano básicamente). Así en el estadio hay aficionados de todos los equipos siempre, lo que da una idea de lo que les gusta este deporte (a mí no me veréis en el Camp Nou viendo un Betis-Osasuna).



Otra de las particularidades de esta liga es que no hay ascensos ni descensos así que los equipos son siempre los mismos. Para favorecer la competitividad tienen límites salariales y presupuestarios que varían en función de la posición del equipo en la liga del año anterior; de este modo el ganador tiene el presupuesto mucho más limitado que el que quedó último. Por este motivo los clubes se mueven por ciclos así que todos han ganado la Premiership alguna vez. Por lo que nos han contado por aquí una delegación de la AFL viajó hace un par de años a Barcelona para ver cómo se lo monta el Barça con el tema de la cantera, a ver si pueden hacer aquí algo parecido. Messi sólo hay uno y es futbolista.

¡El campo es ovalado!

Un partido de Australian Rules se divide en cuatro cuartos de veinte minutos. En el campo juegan 18 jugadores de cada equipo y hay 5 árbitros. La pelota es ovalada (parecida a las de Rugby) y el terreno de juego también. Los jugadores se pasan la pelota golpeándola con el puño o a patadones. El objetivo es que la pelota pase entre dos palos después de golpearla con el pie (6 puntos). Paro aquí porque más de uno debe pensar que estamos hablando de Quiddich.



¿Por qué juegan en un campo ovalado? Australia era una colonia inglesa (la reina de Inglaterra es la reina de Australia y es la que sale en las monedas hoy en día) y como tal el deporte nacional, obviando el beber té a todas horas, era (actualmente rivaliza con el Australian Rules) el cricket. El cricket es un juego más complicado de entender que los motivos de la no renovación de Abidal, así que basta decir que el terreno de juego es ovalado. El cricket es un deporte de verano así que los jugadores no tenían nada que hacer durante el invierno por lo que engordaban y se abandonaban a la mala vida. Para evitar estos desmanes algunas cabezas pensantes cogieron un balón de rugby y pusieron a los jugadores a darle patadas en el propio campo de cricket durante los seis meses de invierno. Mezclando esto con un deporte que practicaban los aborígenes (utilizaban de balón una piel de possum rellena de paja) nació el Australian Rules Football en Victoria hace casi 160 años.

Pase lo que pase sigue jugando

El fútbol australiano es el deporte más dinámico y electrizante que he visto nunca. No se detienen por nada. A los árbitros no se les discute y en caso de duda miran la repetición en las pantallas gigantes del estadio. Si dos jugadores chocan y se quedan inconscientes convulsionando en el suelo entran los médicos y los camilleros pero el juego no se para. Durante todo el partido hay personas vestidas de naranja llevándoles agua a los jugadores y/o transmitiéndoles las instrucciones de los entrenadores, que están en unas salitas en las gradas. De este modo en el campo hay 36 jugadores (no necesariamente todos conscientes), 5 árbitros y unos 6 señores vestidos de naranja corriendo como desesperados detrás de los jugadores.



El contacto directo está permitido al estilo del Rugby pero al poder pasar el balón en cualquier dirección libremente los placajes son mucho más bestias. Lo más conocido del fútbol australiano: puedes apoyarte en cualquier jugador para llegar a un balón elevado. La técnica habitual es la de saltar hacia los hombros de un jugador del equipo contrario con los que se impacta con las espinillas de modo que “aguantan” unas décimas de segundo y agarran el balón. Espectacular.



Nuestra experiencia

Hace tres semanas nos fuimos con Will a ver el Carlton-Esendon a la zona noble del MCG. Como curiosidad debo decir que es obligatorio ir con camisa, por lo que tuve que tomar prestada una de las camisas de Lewis.



El partido fue espectacular (ganó Esendon 75 a 74) y fue divertido volver a sentir las rutinas de “ir al campo”, que son algo diferentes que las de “ir al Barça”.

Para empezar no tienes asiento numerado así que el asunto se resuelve a lo “tonto el último”. La técnica consiste en ir un par de horas antes, buscar los asientos que te gusten y dejar una pieza de ropa, como los jubilados en las playas de la Costa Daurada.



Durante el partido las pantallas gigantes del estadio retransmiten lo que sucede en el terreno de juego e incluso repiten las jugadas dudosas (las pida o no el árbritro). En el descanso montan partiditos de niños y niñas que son entretenidos de ver.

Al acabar el partido suena el himno del equipo que ha ganado y las cámaras y periodistas llegan hasta las duchas de los vestuarios, por lo que se puede decir que los jugadores son mucho más cercanos que los futbolistas en Europa.


En fin nos lo pasamos muy bien e incluso entendimos lo que ocurría en el terreno de juego (aquí no hay fueras de juego pero madre mía con las reglas…)

Nos despedimos por unos días,

Enrique & Marina
English version
WE'RE GOING TO THE FOOTY



One of the things we miss the most after a few months abroad is our seats in the Camp Nou (FC Barcelona Stadium) and that’s a fact. We don’t miss the man with the Cuban cigar neither the large family that always gets late and leaves early, but we do miss the feeling of climbing the stairs up to the second ring of seats, pop our heads out of the 309 gate while the players are still warming up and sit down waiting for Busquets, Iniesta, Messi and all the others to start the show. We’re so lucky of being Barça supporters.

Here the ‘proper’ football is not really popular; they even call it in another way: soccer. However, the Australian national soccer team is pretty good (they’re called the Socceroos) and they’ve just been classified to play in the Brasil World Cup. They’ve beaten Jordan and Irak, although you can’t really consider this as a great achievement… Anyway, they’re in and that’s good.


In Australia, but especially in Victoria, the sport that really gets people excited is the Australian Rules Footbal or footy. Rugby is not so popular as in other parts of the country either. What we didn’t know about this sport before is that they play wearing no-sleeves shirts (surprisingly called jumpers) and really short pants, that they use a rugby ball and that it’s an extremely rough game.

Our interest in the footy

Our good friend Gwen Crimmins is the widow of Peter Crimmins, the legendary captain of the Hawthorn Hawks who died three days after their team won the Premiership in 1976. He gives the name to the Club Honor medal that Hawthorn grants to the best player of the year not only in terms of score but also in terms of good fellowship. Gwen is still the person who imposes the Peter Crimmins medal every year and his shirt is the only one exposed in the Honor hall of the Club (a Club which is about 150 years old), too. 

Gwen was our first host and our first friend in Victoria (place where the sport was originated about 160 years ago) and this is the reason why we’re Hawthorn supporters. Moreover, the Bakes are Geelong Cats fanatics. The Cats have won three Premierships in the last five years and they’re mortal enemies of the Hawks. And now the tension is even stronger after Geelong has beaten Hawthorn ten times in a row. Amazing, eh?

Here, things work different

In Spain, every team has its own stadium and its own members. In Australia all this works in another way. 9 out of 18 teams in the Australian League are from the city of Melbourne and the others are from all around Australia. There’re two Stadiums in Melbourne: the MCG (Melbourne Cricket Ground, which can host up to 110.000 people) and the Etihad Stadium (slightly smaller). None of the teams owns any of them. The Geelong Cats have their own ground, obviously in Geelong, but the AFL (Australian Football Leage, something like the FIFA) doesn’t allow them to use it too often because they win every time they play at home.


The AFL manages the game as a great show and really tries to attract as much public as possible. That’s the reason why the Stadiums are independent and the teams have to play in any city of Australia. As examples: Sydney could play versus Hawthorn in Tasmania while Adelaide and Brisbane would be beating themselves in Perth. After that you may understand why some people join the Stadium and not their team. Will and Lewis are members of the MCC (the Melbourne Cricket Club) so they always seat in the area that would be like the tribune of the MCG and they’re allowed to go to any sports event in the MCG: footy during winter and cricket in summer, mainly. So you can find a Geelong supporter, like Will, in an Essendon vs. Carlton match.


Another interesting fact is that no matter how bad the team does in one season, they’ll stay in the same league because there isn’t any other. To encourage competitiveness AFL sets different limits in terms of salary and team expenses depending on their position on the ladder: the top team will see their budget reduced and the one in the lowest position will be allowed to spend more money. That really helps to keep the teams moving up and down on the ladder and all teams have won the Premiership at some point of their history.

Apparently, some people from the AFL went to Barcelona a few years ago to study the way FB Barcelona raises their players in their soccer school called La Masia. Maybe they would like to start something similar, but there’s only one Messi and he’s a soccer player…

The field is an oval!

The matches are organized in four quarters of twenty minutes each. There’re 18 players of each team in the field at the same time and 5 umpires. The ball is an oval (similar to a rugby ball) and so is the ground. They hit the ball with their fist or they kick it to pass it to the other players. The aim of the game is to kick the ball and make it go through the two middle poles placed at your end of the field to get 6 points. It might sound like Quiddich, but it’s not.


So, why do they play in an oval? In the old days, Australia used to be an English colony (Queen Elisabeth is still in all Aussie and Kiwi dollars) and the national sport, a part from drinking tea at any time, was cricket. Nowadays is still about as popular as the footy. Cricket is as difficult to understand as the end of Lost, so let’s just say they use an oval too. It’s also a summer game, so the players didn’t have anything to do during the winter but putting on weight. To avoid this inconvenience, someone though it would be a good idea to give them a rugby ball and leave them kicking it during the cold months.

They mixed that with an ancient aboriginal game played with a ball made out of possum skin and stuffed with straw and the Australian Rules Football came out about 160 years ago.

No matter what happens, keep playing

The Australian Football is probably the most intense and dynamic game we’ve ever seen. The players never argue with the umpires and they can check their decisions if needed in the giant screens of the Stadium. If anyone gets injured, medical assistance will jump into de ground but the game won’t stop. During the match there’re some guys in a bright orange suit carrying water and instructions to the players. Summarizing, in the field there’re 36 players, 5 umpires and about 6 of this men in bright orange running as if possessed.


The physical contact is allowed in the same way as in Rugby. However, they pass the ball in any direction, so the tackles are even rougher than in rugby. The most famous and spectacular action is when they climb onto another player to catch a high ball. The usual system is to jump and lean shins over the shoulders of a competitor so they hold in the air for a few seconds, just enough to catch a ball. It’s pretty spectacular.


Our own experience 

A few weeks ago we went with Will to a Carlton-Essendon match and we sat in the member’s area, the MCC. It’s quite interesting that men should wear a shirt with collar to be admitted, so Enrique had to borrow one from Lewis. No one is allowed to wear trainers, either.


The match was great (Essendon won 75 vs. 74) and was really cool to get involved again in all the routines about going to see a live sport and, we should say, they’re completely different from the routines we follow to see Barça playing.

First of all, no one has an assigned seat, so the formula is first in first served. Most of people go a few hours before to get a good seat, leave something like a blanket or a scarf to ‘reserve’ the position and go back latter (your clothes will still be there, 99,9% sure).


Furthermore, during the match, there’re huge screens broadcasting the game and even repeating the unclear actions not only when the umpire asks to do so. At the half time, groups of boys and girls go to the ground and play footy to keep the audience entertained.

At the end, the winner’s song plays on the sound system and all the supporters sing, of course. The journalists bring their cameras to the dressing rooms and they interview the players when they’re about to go to the showers.


Summarizing, we had fun and we even understood what happened in the ground, which is not easy!

See you soon,

Enrique & Marina

miércoles, 12 de junio de 2013

NADANDO CON TIBURONES BLANCOS

En el vuelo de vuelta de Bali me entretuve leyendo la revista de la aerolínea que siempre hay en el asiento del avión, junto a la bolsa de vomitar y a las instrucciones de seguridad. Entre anuncios de relojes, colonias, maquetas del avión en el que estábamos volando y bolsas de patatas de lujo vi una cosa que me llamó la atención: Great White Shark Cage Diving in Port Lincoln, Australia. ¿Cómo? Yo pensaba que lo de meterte en una jaula en aguas infestadas de tiburones blancos sólo se hacía en Sudáfrica… pues afortunadamente estaba equivocado.



Ahora sólo me faltaba ver dónde estaba Port Lincoln. Resulta que Port Lincoln es un pequeño pueblo costero que está en South Australia, el estado fronterizo con Victoria, donde estamos nosotros. Está más o menos a tres horas en avión de Melbourne si enlazas bien los vuelos (dos regionales) o a unas ocho si enlazas los vuelos pensando en ahorrar, mi caso. Así que ni corto ni perezoso este domingo me fui a Adelaida y de ahí a Port Lincoln donde el lunes fui con la compañía Calypso a nadar con el pez depredador más grande del mundo: el Gran Tiburón Blanco.



Los días anteriores a mi llegada habían tenido mucha suerte con los tiburones, llegando a ver diez ejemplares diferentes el día anterior, lo que hacía presagiar una buena jornada. Las previsiones meteorológicas, de todas formas, eran nefastas: se esperaban olas de más de tres metros, cielo nublado y mucho viento. Con esta mezcla de ánimo nos encontramos los valientes buceadores en el puerto de Port Lincoln a las seis y media de la mañana, donde descubrimos que quien fuera que hizo la previsión meteorológica había metido la pata hasta el fondo, afortunadamente para nosotros.



El barco zarpó rumbo a las Neptune Islands con treinta y seis personas que haríamos la inmersión en la jaula en grupos de seis. El tiempo en la jaula sería de entre 45 minutos y una hora para cada grupo. En total la excursión iba a durar más de doce horas.

Las Neptune Islands son dos islotes dejados de la mano de Dios que alojan a una gran colonia de leones marinos australianos, que acuden ahí para criar. Los Tiburones Blancos, una vez han alcanzado la madurez (cuando miden más de 3 m), acuden a estas aguas a controlar la población de crías de león marino que justamente ahora es cuando empiezan a darse los primeros chapuzones, motivo por el cual el tiburón más pequeño que íbamos a ver sería de 3 m. Lo habitual son tiburones de entre 4 y 5 m y, en caso de suerte, se puede ver alguna hembra de casi 7 m a las que llaman “Big Momma” (Gran Mami). Teniendo en cuenta la suerte que afortunadamente tengo cuando se trata de ver animales, podéis imaginaros antes de seguir mirando las fotos, lo que llegamos a ver.



La jaula era de 5 m de largo, 6 m si contamos los flotadores negros, por lo que la utilizan para estimar el tamaño de los tiburones que nadan a su alrededor. A la altura de los ojos tiene una abertura en todo su perímetro por la que cabe una persona perfectamente, pero afortunadamente no es lo suficientemente grande como para que pueda entrar un tiburón.

Después de tres horas de travesía por el Mar de Tasmania llegamos a las Neptune donde el capitán del barco echó el ancla en una zona resguardada del fuerte oleaje que habíamos tenido durante el camino. Una vez ahí echaron la jaula al agua, vísceras de peces a su alrededor y empezó la fiesta. Yo iba en el cuarto grupo así que tenía unas cuatro horas para mentalizarme y ver el espectáculo desde fuera, que merecía la pena.



Mientras la tripulación hacía los preparativos los expedicionarios mirábamos al agua donde todos veíamos sombras que creíamos eran tiburones… hasta que realmente vimos un tiburón y se nos pusieron por corbata. Debo decir que el agua era muy transparente. Por lo que nos contaron en el peor día posible la visibilidad nunca es menor de 15 m.



Los primeros seis valientes se fueron al agua y el capitán y el cocinero empezaron su particular festival de pesca, que duró hasta el anochecer. El procedimiento era el siguiente: ataban agallas de atún (Port Lincoln es famoso por sus exitosas piscifactorías de atún en mar abierto, donde hay tours para nadar en ellas) a una cuerda con un flotador y las tiraban a unos metros de la jaula.




Una vez localizaban al tiburón que iba a intentar pillarlas tiraban de la cuerda para que el tiburón se acercase a la jaula o, en caso contrario saliera mínimamente del agua.




Pasados unos minutos estábamos rodeados por varios tiburones. Vimos 12 Tiburones Blancos diferentes en total, el mejor día en dos años según las estadísticas que llevan en la página web de la empresa Calypso.



Con el agua llena de sangre, tiburones pasándoselo pipa persiguiendo trozos de atún y el capitán y el cocinero ya a un buen ritmo de pesca yo conseguí familiarizarme con la cámara de fotos (es nueva ya que la que tenía hasta ahora murió justo después de la última inmersión en Bali) justo en el momento en que llegaron (y ya no se marcharían en todo el día) dos “Big Mommas” de unos 7 m de largo, menudos monstruos. ¡Cada vez tenía más ganas de ir a la jaula!





Es increíble con el tamaño que tienen la facilidad con la que son capaces de salir del agua. El método de caza de los Tiburones Blancos en estas aguas se basa en el factor sorpresa. Acechan a las crías de león marino desde el fondo (la profundidad es de unos 90 m) y cuando deciden que tienen hambre suben pitando hacia arriba. Es posible verlos saltar completamente fuera del agua, pero nos dijeron que por estas aguas no solían saltar cuando había turistas.





La mezcla de la emoción, el miedo y la incapacidad de determinadas personas de prever que para estar debajo del agua durante 45 minutos van a tener que respirar por un tubo dejó situaciones como la de las siguientes fotos, en las que el capitán estaba “pescando” mientras el cocinero intentaba tranquilizar a una chica que no era capaz de respirar por el regulador. El tiburón de la segunda foto era de los pequeños y se puede observar que era igual de largo que la jaula, es decir 5 m.




Mientras tanto, el capitán seguía a su aire, esta vez jugando con uno de los monstruos de   7 m. Espectacular la velocidad que alcanzaban y la fiereza de sus ataques al cebo.






En esas estábamos que por fin una de las grandes hembras me sonrió para la foto.








Al final siempre dejaban que los tiburones se llevaran algo de comida a la boca, supongo que es una manera de hacer que no quieran irse de los alrededores del barco.




Y llegó mi turno para ir a la jaula. Me puse el traje de neopreno de 7 mm de grosor (el agua estaba a 16 grados), un chaleco con plomos que pesaba 20 kg, las gafas y al agua patos.



Y ahí, bajo el agua, es donde se puede apreciar la majestuosidad y monstruosidad de estos animales.






A pesar de haber una visibilidad impresionante los tiburones salían de la nada. Nadaban sin apenas moverse, como disimulando, hasta que se acercaban pitando hasta el cebo y le daban la dentellada pertinente.







Pasaban rozando la jaula e incluso a veces la golpeaban violentamente (un trozo de atún se quedó atascado entre los barrotes y los flotadores) con el susto correspondiente.





Tienen una forma perfectamente hidrodinámica de tal manera que parecen cohetes. Los ojos son completamente negros y cuando te miran, porque lo hacen, al contrario que con los mamíferos que puedes deducir su estado de ánimo, es imposible saber qué deben estar pensando.






Estoy seguro que nos tenían a todos controlados, por si alguno se escurría fuera de la jaula.






Al final el balance del día fue espectacular, con 12 ejemplares diferentes el más pequeño de los cuales era de 4m y las dos hembras mayores de 7 m. Estuvimos 7 horas jugando con los tiburones y 1 hora entera dentro de la jaula. ¡Perfecto!

Después de esta actualización con tanta foto y tan poca letra os dejo, a modo de despedida, un video de la experiencia en la jaula.



Enrique


ENGLISH VERSION





In the return journey from Bali I read this free magazine that Jetstar places in the pocket in front of your seat with the motion sickness bags and the safety directions. In between ads of watches, perfumes, models of the plane we were in and bags of luxury potatoes, there was one that catch my attention: Great White Shark Cage Diving in Port Lincoln, Australia. What? I though you could only do that in South Africa… fortunately, I was wrong. 


I only had to check where is Port Lincoln. As you may know, Port Lincoln is a little coastal town in South Australia, so the state next to Victoria, so not too far! It’s about three hours far from Melbourne if you manage the two regional flights well or eight hours if you pick a cheaper option, which was my case. So, a few Sundays ago, I went to Adelaide and then Port Lincoln to swim the Monday after with the biggest predator fish in the world: the Great White Shark.



The days before my tour were really successful: they sighted up to ten different animals during the trips. Everything suggested it was going to be a good day. The weather forecast wasn’t as optimistic though: three meter high waves were expected, cloudy sky and strong wind too. This particular Monday at half past six in the morning all the divers met in the harbor. Besides and in our favor, whoever did the weather prediction was completely wrong.



The boat set sail to the Neptune Island with thirty-six people on board who would cage-dive in batches of six. We were going to spend between forty-five minutes and one hour per batch in the cage. The length of the journey is usually about 12 hours.

This Neptune Islands are two islets which host a big colony of Australian sea lions that go there every year to breed. Once the White Sharks become adults (that means their length is bigger than 3 m), they travel to this islands to kindly control the population of sea lions. Now it’s the time of the year when the sea lion calves get to the water for the first time and this is the reason why the sharks we were going to see would be at least 3 m long. Usually around the Neptunes, the sharks you can watch are 4 or 5 meters long and, if you’re lucky enough, you can find a 7 meter long female which they call ‘Big Momma’s’. I’m pretty lucky when it comes to sight animals, so you can guess what you’re about to see.



The cage was 5 m long, 6 m if you also count the black floaters which are really useful to check the size of the sharks while swimming around. At the high of your eyes, there’s a gap all around the perimeter. Of course none of the sharks would fit though this gap but a person perfectly would.

After three hours sailing though the Tasman Sea we got to the Neptune’s where the captain casted anchor in a calm spot. Then, they put the cage in the water and some fish entrails to start lighting the party. I was going to the cage in the fourth group, so I had four hours to get mentally prepared and enjoy the show from the safe boat deck. The water was really clear. Apparently, even in the worst days the minimum visibility expected in this spot is 15 meters.



While the crew was preparing the material, the divers were looking at the water to some shades we thought were sharks… then, we really saw a shark and I put the fear of God into all of us.



The first six brave divers went to the water and the captain and the cook (yes, he actually cooks the meals they serve on board) started their particular fishing festival which lasted ‘till the sunset. The system to attract the animals consisted in tying tuna guts to a floater (there’re really successful open water tuna farms in Port Lincoln too, and tours to swim there as well) and threw them a few meters far from the cage.




Once they saw a shark planning to attack the bite, they pulled the rope so the shark will swim closer to the cage or/and jump a little bit out of the water.




A few minutes after, we were surrounded by sharks. We saw 12 Great White Sharks during the whole day, it was the best rate in the past two years according to the register that the company (Calypso) has in its webpage.



I finally got familiar with my new camera (the old one did his best and died in Bali the last day) while the water was red of blood, the sharks chasing pieces of tuna and the captain and the cook fishing sharks as Sunday fishers in the local creek. Was then when two Big Mommas came next to the boat and didn’t leave. What a couple of monsters! I just couldn’t wait to get into the cage!





It’s just unbelievable how big they are and how easily they jump out of the water. The Great White Sharks rely on the surprise factor to hunt in this sea. They stalk the sea lion calves from the seabed (which is about 90 m deep) and, when they get hungry, they swim to the surface as lightning. They can jump high enough to get their body completely out of the water, but apparently they become shy when there’re tourists around this area.





The mixture of excitement, fear and the inaptitude of some people to breath though a pipe left some interesting pictures: the captain fishing non-stop, the cook trying to keep the calm of a girl who wasn’t able to breath trought the regulator. The shark in the second picture was a small one but you can see it’s as big as the cage, which was 5 m.




The captain looked like he was enjoying playing which the 7 m monsters. Amazing their speed and the wilderness of their attack to the bite.






Finally, a Big Momma smiled for my picture.








At the end, they let the sharks take some of the bite. I guess it’s a way to keep them around.




And my turn to go to the cage came! I putted on the 7 mm wetsuit (the water temperature was 16 degrees), a vest with 20 kg, my mask and I was ready!



It’s underwater where you can really tell how majestic and monstrous at the same time these animals are.






Despite the good visibility, the sharks came suddenly, like coming from the deepest emptiness. They swim almost not moving, like trying to hide, until all of a sudden they run towards a piece of tuna.







They swim touching the cage, sometimes strongly hitting it when a piece of bite got stack in the iron bars of the cage, that was frightening.




Their shape is completely hydrodynamic so they look like rockets. Their eyes are completely black. Unlike the mammals that you can guess their mood when they look at you; when sharks do so, you won’t have a clue about what they might be thinking. 






I’m sure they were controlling absolutely all of us, just in case one would go out of the cage.






The rate of sighting at the end of the day was fantastic: 12 different specimens which were at least 4 m long and 2 females longer than 7 m. We were 7 hours ‘playing’ with the sharks and one hour in a cage underwater. Perfect!

Well, after this update with loads of pictures and not many words, I leave here a short video as a summary of the experience and a temporary farewell.




Enrique