viernes, 31 de agosto de 2012

CURIOSIDADES AUSTRALIANAS DESDE NAMBOUR




Ya estamos en Nambour, concretamente en The Ponderosa, con Dave y Sarah. Tienen 71 y 63 años respectivamente y ambos son ingleses aunque hace más de 50 años que viven en Australia. Llegamos a Nambour después de estar un día rustiéndonos al sol de Cairns y de 30 horas en el Sunlander, el tren que comunica Cairns con Brisbane (1600 km aprox.) de forma regular.

En Julatten (se lee yulátin, por si teníais curiosidad) estábamos en medio de la jungla bastante aislados del mundo (no había cobertura, luego los de Jazztel no podían encontrarnos) así que nos dedicamos a aprender todo lo que pudimos con los Brandon. Hemos hecho marcos de ventanas a partir de un tablón, mosquiteras, restaurado asas, pomos y pestillos metálicos antiguos, limpiado tejados, cortado árboles con sierras mecánicas, montado y desmontado ventanas de más de 100 años, puesto y quitado cristales, pintado puertas… y lo más importante: Marina ha aprendido a hacer un pastel de plátano y chocolate riquísimo, tarta de Santiago y galletas con trocitos de chocolate.



El día de mi cumpleaños (25 de agosto, cada año es el mismo día) lo celebramos con tarta de Santiago, galletas en forma de “Enrique”, bengalas y una “Bush Dance”. ¿Y esto último qué es? Pues es una fiesta folk-country típica del outback Australiano. El grupo de nuestra familia (Clarketown) eran los encargados de poner música al baile y los alumnos (y familiares) del colegio de Mossman eran los encargados de vestirse como cowboys y cowgirls y bailar las coreografías (estilo country) de las canciones. Evidentemente todo esto acompañado por hamburguesas enormes (tamaño araña de las de por aquí), hot dogs y demás parafernalia de barbacoas australianas (sin patatas fritas, después de 15 barbacoas voy a dar esta guerra por perdida, en fin).

Los ocho días que hemos pasado en Julatten han sido espectaculares, sobre todo gracias a la familia.

A modo de resumen, y con tal de no olvidar nuestros días en la jungla, hemos pensado que es interesante hacer una lista con los animales que nos han asaltado durante estos días: una rata (cazada por Daisy, una perra de 15 años sorda y medio ciega), un escorpión blanco y pequeño, unas cuantas arañas muy grandes (la del lavabo es nuestra preferida), dos ranas verdes (una vivía en la televisión de la casa y la otra en un taburete en el cottage donde dormíamos nosotros), canguros salvajes (uno visto durante el día y un par escuchados durante la noche de camino al cottage), sapos venenosos de la caña de azúcar (muy tontos por cierto), una serpiente de más de dos metros espachurrada en un camino, un par de avispas más grandes que un dedo y un bandicoot (este lo hemos escuchado en el tejado por las noches; todavía no sabemos qué hacía pero era muy inquietante).



En cuanto a Nambour tenemos el pequeño problema de que es el epicentro de la Sunshine Coast, por lo que hay infinitud de posibles actividades por hacer y no tenemos suficientes días. Este fin de semana lo emplearemos con algunas excursiones que ya contaremos con pelos y señales en la próxima actualización.

Lo que teníamos pensado para esta entrada (la introducción se nos ha ido un poco de las manos, de todas formas leer es bueno para el colesterol), mientras decidimos que hacer por Nambour, era explicar las cosas que nos están pareciendo curiosas de Australia; después de un mes consideramos que ya empezamos a conocer suficiente la idiosincrasia de la gente como para poder dicha lista. A cada uno nos parecen curiosas cosas distintas así que para no pelearnos (yo ganaría porque soy más alto) las hemos descrito por separado 

¡A ver si adivináis quién ha escrito cada una!

Papel higiénico. Tenemos completamente asumido que en Australia se conduce por la izquierda, los niños hablan inglés perfectamente nada más empezar a hablar (eso en España es impensable), se desayuna salado y demás excentricidades del hemisferio sur pero hay ciertas cosas estandarizadas internacionalmente que se respetan en todo el mundo: el grifo se cierra girando en sentido horario y se abre girando en sentido anti horario, para que un perro se siente le dices “sit” con autoridad y le aplastas el culo contra el suelo con disimulo, Messi es el mejor futbolista de la historia y, la más importante, el papel higiénico se coloca de forma que el extremo por el que se estira se encuentre diametralmente opuesto a los azulejos de la pared. En Australia no se respeta esta norma de confort visual. Absolutamente en todos los lavabos en los que hemos estado en este país tienen el papel de culo puesto de forma totalmente ilógica, con el extremo libre rozando la pared. De todas maneras, y como nos insistió un buen amigo nuestro antes de irnos, nada es mejor ni peor, simplemente diferente. Por cierto que los cuadraditos en los que se divide un rollo de papel higiénico aquí realmente son cuadrados y no rectangulares. ¡Ah! Otra cosa: quien tiene labradores como mascota es Kleenex y no Scotex.

Servilletas. Estamos ya con nuestra tercera familia y todavía no hemos utilizado servilletas durante las comidas, cenas o desayunos. Los primeros días de nuestra estancia en tierras australianas este hecho nos causó cierta inquietud, ahora estamos acostumbrados. Tres hurras por nosotros. Hemos aprendido a introducir comida en nuestra boca sin tirárnosla por encima ni mancharnos los labios, cosa que aquí hacen incluso los niños. Ya podemos comer con los mayores.

Barbacoas y lavabos públicos. En Australia es tan habitual hacer una barbacoa como en España lo es votar a políticos corruptos. Hacen varias a la semana. Este hábito implica que en la gran mayoría de parques se puedan encontrar barbacoas públicas. Lo sorprendente es ver el cuidado con el que las tratan y, algo impensable en nuestra tierra, como las limpian al acabar y recogen la basura. Además de las barbacoas hay lavabos públicos, perfectamente mantenidos, limpios y con papel de sobras.

Medidas anti monopatines. En todos los pueblos y ciudades que hemos visitado hemos encontrado un Skate Park (parque para que “los de los monopatines” jueguen en un entorno de paz y tranquilidad). Lo que también nos hemos encontrado son unas rebabas metálicas colocadas perpendicularmente a la dirección del bordillo de las escaleras (y demás mobiliario urbano susceptible de ser patinado) cada medio metro. ¿Qué consiguen con eso? Pues que “los de los monopatines” no utilicen escaleras, bancos y barandillas como pista de entrenamiento. Pensamos que es una solución más barata que, por poner un ejemplo, ir reparando constantemente la Plaça dels Païssos Catalans.

Pomes. ¿Manzanas? No. Prisoner of Mother England. Así es como los australianos se refieren a los ingleses de forma un tanto despectiva. La animadversión hacia los ingleses es similar a la que siente el Mundo Civilizado hacia Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos hacia los libros sin dibujos. Lo curioso del caso es que hace un tiempo que está de moda en Australia indagar en los orígenes familiares para ver si se es descendiente de la “First Fleet”, que es la primera flota que llegó por aquí; todo hermanitas de la caridad, como os podéis imaginar si conocéis un poco como fue el primer asentamiento de blancos en Australia. La gente que descubre que sus orígenes son de la “First Fleet” lo pregona con orgullo australiano, olvidándose del pequeño detalle de que todos los componentes de la primera flota eran delincuentes ingleses, luego los australianos “más puros” son los más ingleses. Dejamos para otra ocasión el tema de los aborígenes, que es algo espinoso.

Oz. Los australianos llaman a Australia “Oz”. ¿Por qué? Porque les gusta ahorrar letras. A los australianos se les llama aussies, que se pronuncia algo así como “odsis”, así que de manera informal se refieren a su tierra como “Oz”, para ahorrarse el engorro de tener que decir Australia.

Comida entre estados. Está terminantemente prohibido cambiar de estado llevando comida. De esta manera evitan invasiones de animales, insectos o plantas, virus, bacterias o bichitos malos. Les deseamos toda la suerte del mundo en esta empresa.

Peajes. Las autopistas de Australia son de peaje, hasta aquí todo normal para dos catalanes como nosotros. Ahora bien, hay cinco empresas concesionarias de autopistas y cada una tiene su propio sistema de telepeaje. ¿Qué implica esto? Para alguien con cierta movilidad geográfica (como nuestra primera familia) le supone tener que llevar cinco aparatitos de telepeaje diferentes. Otra cosa curiosa es que no hay barreras en las autopistas por lo que debes saber, antes de circular, si deberás pagar o no por esa autopista y a quién. Si no llevas telepeaje debes llamar por teléfono a la concesionaria correspondiente y dar tus datos de la tarjeta de crédito. Esto es casi tan lioso como las tarifas de los móviles.

Ancho de vía. Es lo que os imagináis. Cada estado tiene su propio ancho de vía así que, por ejemplo, no se puede ir en tren de Sydney a Brisbane sin pasar por el engorro de cambiar de tren. Cosas como estas nos hacen sentir como en casa.

Vegemite. Los australianos se pirran por el Vegemite. Es una pasta de concentrado de levadura (todavía no lo acabamos de entender) con un montón de sal y de color chocolate. A simple vista parece Nocilla. A simple gusto es como lamer un pescado untado en harina salada y avecrem. Estáis avisados por si os hacen la misma broma que a nosotros: nos dijeron que era la Nutella australiana (en una tostada no se distinguen) y la probamos con todas las ganas del mundo. Nosotros descubrimos que no nos gusta y nuestra primera familia todavía se ríe de nosotros. La venganza fue a base de all i oli.

Bottle shops y tabaco. Dentro de un supermercado es imposible encontrar alcohol; ni vino, ni cerveza, ni demás bebidas espirituosas. El alcohol se vende en las Bottle shops o Liquors, que generalmente están al lado del súper. En cuanto al tabaco, una cajetilla de 20 cigarrilos cuesta 22 dólares, lo que al cambio de buen cubero son algo más de 20 euros. En lo que se refiere al diseño de las cajetillas, recientemente se ha aprobado una ley que obliga a las tabaqueras a que las cajetillas sean iguales para todas las marcas (verde oliva o blanco, ahora no lo recordamos bien, y con una foto de un moribundo). Si alguien quiere dejar de fumar y no puede pagarse un vuelo hasta la Antártida puede venir aquí.

Fútbol australiano. Deporte sólo para hombres tan machotes como Carles Puyol, muy dinámico (una vez te explican las reglas y las entiendes) y salvajemente espectacular. Lo interesante es su nacimiento. En Australia el deporte por excelencia es el cricket (herencia de la madre Inglaterra), al que se juega durante los meses de verano en un campo en forma de óvalo bastante más grande que un campo de fútbol o rugby. ¿Qué les pasaba a las estrellas del cricket durante el invierno? Engordaban de mala manera. ¿La solución? Inventarse una salvajada como el fútbol australiano. Por este motivo el campo de juego es ovalado, porque realmente juegan en campos de cricket. Por si tenéis curiosidad: juegan 18 contra 18, con un balón en forma de melón y hay unos 5 o 6 árbitros que corren más que Mejuto, Mateu Lahoz e Iturralde en toda su vida.

Conciencia ambiental. Australia pintaba como un país con gran conciencia ambiental, por su excepcional patrimonio natural y por tener en su parte de atmósfera el mayor agujero de la capa de ozono del planeta sin haberlo provocado ellos. Y realmente en cuestiones de conservación y respecto a los espacios naturales existentes lo es. Pero ¿Qué pasa con la trasposición de esta conciencia en el día a día de los australianos? Nada. En cuestiones ambientales las familias viven exactamente como en los 90 de España: se procura ahorrar agua por el precio que tiene, las placas solares existen pero el petróleo sale más barato y no siempre se usan y se recicla lo justísimo. En lo que a cuestiones de reciclaje se refiere, la basura se suele separar en dos contenedores (orgánico y resto) pero en ninguna familia se hace de forma exhaustiva. Los gestores de residuos recogen la supuesta fracción orgánica (que llega a ir mezclada incluso con baterías y otros materiales peligrosos) y hacen compost. Siendo así, no es de extrañar que algunos vecinos de Cairns se encontrasen con una plaga de hormigas fuego en sus jardines tras abonarlos con el compost que regalaba el Ayuntamiento. El resto, parece ser que se separa en unas plantas de triage muy modernas, aunque todavía no hemos localizado ninguna.

Italia y Francia. La marca Italia y la marca Francia están muy presentes en Australia. Quesos, pasta, aceites, vinos… si llevan “Italia” o “Francia” se les presupone una calidad excepcional. Italianos y franceses se saben vender. ¿Dónde está el jamón serrano? ¿Dónde están los Rioja o Ribera de Duero? ¿Dónde está el vino del Priorat? ¿Y el cava del Penedés? ¿Dónde están el chorizo y el lomo? ¿Y el queso manchego, el cabrales, la teta gallega? Aquí no. Hace tiempo que parece que en España destacar y triunfar está mal visto (Alonso parece que deba pedir perdón por ganar, igual que Nadal, Pedrosa, Contador o Guardiola). La frase “algo habrá hecho” para referirse a la gente que tiene éxito de forma despectiva parece que también se aplica a las exportaciones nacionales. Tenemos los mejores productos gastronómicos del mundo y, o somos muy listos y nos los quedamos sólo para nosotros, o somos muy tontos y no los intentamos vender. ¿Debemos bajar la cabeza avergonzados por el Jamón de Guijuelo, los Percebes de Galicia y las Anchoas de L’Escala o podemos vendernos con orgullo? Rompemos una lanza en favor de Carbonell, el aceite más caro del súper en Australia.

Supermercados. Coles, Woolworths, IGA, Aldi… se han ganado varios apartados para ellos solitos. Bravo.

Las bolsas del súper. Además de continuar siendo gratis en todos los supermercados (otro aspecto a añadir al tema de la conciencia ambiental), son todas iguales: gris basura. Nos choca que las grandes cadenas australianas no estampen su logo en cada bolsa tal como hacen las de España, más que nada porqué cada bolsa es un anuncio de la marca a muy buen precio, móvil y que puede pasar de mano en mano durante un tiempo.

El redondeo. Al no tener monedas de 1 y 2 céntimos de dólar, en los establecimientos comerciales los totales siempre son múltiplos de 5 céntimos de dólar. La primera vez que te das cuenta alucinas pero luego entiendes que tiene su lógica. El redondeo siempre hacia arriba, como debe ser.

Carritos del súper. Funcionan sin monedas, por lo que no están enganchados entre sí ni al “parking de carritos”. Pensareis, esto es porqué en Australia son buena gente y no se los llevan. Pues no es así. Lo cierto es que hay carritos abandonados por todos partes y trabajadores que se dedican a hacer redadas por los alrededores para devolverlos a su parking. Ell mai no ho faria.  

Los chuches. Los cupcakes, muffins, pasteles, etc. no son una moda sino lo habitual. Esto se nota, por un lado, por lo fácil que es encontrar ingredientes, kits, moldes, decoraciones espectaculares y otras delicias en los supermercados. Y por otro lado, por el precio de dichos materiales, que es increíblemente bajo en comparación con lo que suelen costar en Barcelona. Por ejemplo, 2 kg de azúcar glass en IGA cuestan más o menos lo mismo que 250 g. en Mercadona.

Belén Esteban. Todavía no hemos encontrado a su equivalente australiano; tampoco la buscamos.

Esto es todo por ahora amigos.

Enrique & Marina


jueves, 23 de agosto de 2012

TRASTEANDO POR LA JUNGLA




Con el objetivo de mimetizarnos con los nativos del lugar nos hemos comprado un sombrero auténtico (los imaginarios no protegen del Sol) de piel de vaca australiana (de las de cuatro patas). Ahora sabemos que, aunque parezca mentira, yo la tengo más grande que Marina (estamos hablando de la cabeza de pensar).



El último día de nuestra estancia en Port Douglas recibimos la visita de Eloísa e Igor. Estuvimos dando vueltas por el pueblo y haciendo el guiri un rato. Acabamos la jornada haciéndonos una foto con una toalla que, cosas del destino, estaba pintada en forma de bandera australiana. La otra opción era hacernos una foto todos juntos saltando en la orilla, pero hay que ser chica y tener 15 años mentales para hacerse fotos así. 



Continuamos nuestro viaje por tierras australianas cambiando de familia de acogida; algo así como el poli de pasado turbio de las películas americanas, ese que no es el negro que va a jubilarse al día siguiente y matan al final. Estamos en Julatten, un pueblo situado a media hora de Port Douglas (donde estábamos antes) hacia el interior de Queensland, en plena selva tropical australiana. Concretamente está situado en medio del Mowray National Park, que forma parte del Daintree Rainforest (la selva tropical más antigua del mundo, lo hemos repetido tanto que cuando volvamos os lo vamos a preguntar, estáis avisados).

La familia con la que estamos ahora son los Brandon. El padre (Paul) trabaja en uno de los barcos que van llenos de turistas hacia la Gran Barrera de Coral. La madre (Katya) es profesora en la escuela para niños y jóvenes disminuidos de Mossman. Ambos son músicos y tocan en un grupo, Clarketown. Tienen dos hijos (Eden y Jasmine) de 12 y 9 años que, a pesar del asilvestramiento propio de la zona, están muy bien educados y, lo más importante, muy bien aprendidos.



La familia vivía en Melbourne pero querían hacer un cambio de aires radical. Pensaron también que no les apetecía que sus hijos creciesen en una ciudad como Melbourne. ¿Qué hicieron? Se compraron un trocito de selva, trasladaron en camión una casa centenaria hacia esa parcela y la montaron sobre una estructura metálica de 4 m de altura (así pueden construir un piso debajo, por lo que no tienen que pedir permiso especial ya que la ley marca los límites para construir “hacia arriba”). Lo curioso del caso es que hace años que Melbourne está considerada la mejor ciudad del mundo para vivir, en fin. Aquí las cosas funcionan diferente.



La familia va adecentando la casa poco a poco, aprovechando todos los materiales originales que pueden recuperar, con la ayuda de viajeros como nosotros. El trato es trabajar 20 horas a la semana distribuidas como quiera el viajero. De este modo se puede trabajar fuerte tres días y luego tener cuatro días libres para hacer turismo. Las comidas y sobremesas se hacen con la familia así que nuestro inglés va mejorando a pasos agigantados. Hemos conocido a unos cuantos franceses (con todo lo que conlleva ser francés) que llevaban meses viajando por aquí y no tenían ni idea de inglés: realmente España ha preparado muy bien a sus jóvenes desempleados; los únicos que compiten con nosotros a nivel de idiomas, por lo que nos hemos ido encontrando, son los alemanes.

En cuanto a la jugada de venirse a la jungla para educar a sus hijos, la jugada les está saliendo bien. Los niños son lo más parecido a una cabra loca que se pueda ser (siempre descalzos corriendo por todas partes) sin caer en el exceso. Eden parece ser que destaca como jugador de soccer, que es como aquí llaman al fútbol europeo. Recordamos que aquí llaman fútbol a una especie de rugby sólo para hombres de pelo en pecho que una vez entiendes las normas es bastante entretenido de ver. Jasmine tiene la habilidad de hablar con los animales (tienen una dálmata algo distraída, un ratón dormilón, algunas gallinas y un par de cotorras) aunque todavía no sabemos si los animales tienen la capacidad de contestarle. 



En otro orden de cosas, Julatten parece un criadero de talentos musicales. La noche que llegamos aquí nos llevaron a un evento para recaudar dinero para que un chico (Maru) pudiera ir a Manchester a hacer una prueba para el City. El evento lo organizaban sus padres (chilenos) y consistía en una cena con conciertos de amigos de la familia. Tocó el grupo de nuestra familia, los padres del chico, algún otro despistado y… el futuro futbolista (15 años) ¡Tocó con todos ellos! No le hemos visto jugar a fútbol pero le vimos tocando el cajón flamenco, las congas, la guitarra española, acústica y eléctrica y podría ganarse la vida perfectamente como músico. Hizo un dúo (“Jam session” o improvisación) de blues con un amigo suyo de 14 años que tocaba el saxofón como un auténtico profesional. Nos dejaron con la boca abierta. Aprovechando esta situación bucal cenamos unas empanadas chilenas que nos sentaron fenomenal. Si el chico llega a profesional nosotros tenemos fotos suyas del concierto, cosa que da cierta seguridad económica, ¿No creéis?

Antes de cerrar la paradita nos gustaría destacar un detalle del lugar donde estamos ahora: la ducha. Nos duchamos en un chamizo sin paredes artificiales. ¿Qué quiere decir esto? Pues que tenemos el suelo, el techo y cuatro columnas que los conectan. No hay paredes, sólo la jungla. Al principio es algo chocante pero cuando te acostumbras es como estar en un anuncio de colonia o de coche para aventureros.







El cottage donde dormimos, por cierto, tiene la jungla por jardín.



Como en esta actualización hemos puesto pocos chistecillos acabaremos con una cosa que a más de uno os hará sonreir:

  • Mosquitos: 37
  • Enrique: 14 (y remontando)
  • Marina: 0


Nuestro próximo destino es el Rancho The Ponderosa. ¿Será desde ahí nuestra próxima actualización?

Enrique & Marina

jueves, 16 de agosto de 2012

M.A.D., LA GRAN BARRERA DE OLAS Y LA GRANJA DE COCODRILOS




Marina y yo volvemos a estar por aquí dando la lata. Esta actualización promete: un poco sobre el trabajo que hacemos, la Gran Barrera de Coral y… ¡Cocodrilos!

M.A.D.



Hace 20 años que la familia con la que vivimos fundó una empresa algo especial; Managing Australia Destinations (http://m-a-d.com.au/), la llamaron. ¿A qué se dedican exactamente? Creemos que ni siquiera ellos lo saben exactamente, pero lo describen más o menos así: conseguimos todo lo que alguien con ganas de aventura y sin problemas de dinero quiera. De este modo se han convertido en una especia de agencia de viajes a medida un tanto especiales: puedes acompañar a unos científicos mientras localizan y marcan a tiburones tigre, puedes ir de ruta por Australia en Harley Davidson o, lo más loco que han hecho hasta ahora: conducir a 1000 cabezas de ganado por el Outback Australiano utilizando jinetes y… ¡Helicopteros!

La otra parte del negocio consiste en organizar eventos para empresas, organizaciones o particulares con mucha familia. Montan lo que sea, donde sea y cuando sea. Marina y yo fuimos testigos, y participantes, del montaje de uno de estos eventos. Una cena de empresa para 90 personas con la temática “Cirque du Soleil” en el AJ Hackett Bungy Jumping (el puenting más bestia y variado del mundo).



El viernes pasado nos levantamos a eso de las 7 de la mañana, que es más o menos cuando los Kookaburra que viven por aquí deciden que debemos salir de la cama. Fuimos al almacén de la empresa, que está al otro lado de los campos de caña de azúcar de la finca donde vivimos, trasteamos un rato con todo el atrezzo que han acumulado durante 20 años y a eso de las 10 nos dirigimos rumbo a Cairns. Byron en un coche y Marina y yo en el otro, siguiéndole por una carretera que deja a las curvas de Sitges a la altura del betún (y todo esto conduciendo por la izquierda). Unos 60 km después llegamos al lugar del puenting y nos pusimos manos a la obra. Mesas de cristal, sillas transparentes, banderas balinesas, peanas luminiscentes… ¡Todo el día arriba y abajo! Byron lo tenía todo pensadísimo.



Al final del día (las 7 de la tarde aquí ya es tarde) estaba todo preparado, el grupo de baile y diferentes actores ya habían hecho sus ensayos y la oscuridad de la noche hizo que las mesas luciesen como era debido. Nos fuimos justo antes de que llegasen los comensales.



Volvimos de noche, conduciendo por la izquierda, por la carretera antes comentada. No querríamos ser injustos con ella, así que os dejamos una foto que tomamos el domingo para que valoréis si las curvas valen la pena (no hay alternativa para ir de Cairns a Port Douglas).



Aquel viernes trabajamos cerca de 10 horas, lo que supone más del doble de lo que se debería según el trato que tenemos. De todas formas nos lo pasamos pipa y los Kurth son justos y nos han cogido cariño: el sábado nos organizaron un día de buceo en la Gran Barrera de Coral y el domingo una visita a lo que, según dijeron, sólo era una granja de cocodrilos.

La Gran Barrera de Coral



Empezaremos comentando que el sábado soplaba viento a una velocidad de 30 nudos. Eso significa, explicado sin ningún tipo de rigor científico, que si hacemos 30 nudos a una cuerda y atamos una piedra a uno de los extremos el viento sería capaz de levantar la piedra (si lo hacéis en casa procurar atar también el otro extremo o perderéis la piedra y la cuerda). En unidades más conocidas 30 nudos equivalen a unos 60 km/h o lo que es lo mismo, muchísimo viento. Para los profanos en hidrodinámica marítima, las olas que no son tsunamis las causa el viento.



El trayecto hasta los arrecifes de coral duró alrededor de dos horas, cuatro si contamos que había que volver. Yo (Enrique) no me mareo, pero Marina y el resto de grumetes que iban en el barco sí. Fue un espectáculo dantesco, apocalíptico (al leer esto, por favor, debéis poner voz de Pedro Piqueras). Cuando alguien se marea en un barco se dice que tiene “sea sick”, vomitar es “throw out” o “puke” y bolsa para descomer es “sick bag” (Marina goza del dudoso honor de tener el récord con la asombrosa cifra de 29 bolsas de vomitar, y eso que mide 1,60 m y no llega a 50 kg). Ahora ya podéis ir a un crucero por las islas británicas con la tranquilidad que da saber las palabras importantes de un idioma.



Afortunadamente el mar estaba más o menos calmado en los arrecifes y pudimos hacer algo de snorkle (en cristiano: buceo con gafas y tubo).



La Gran Barrera de Coral es un conjunto de arrecifes de coral que se extiende a lo largo de 2600 km (eso es como ir de Barcelona a Salamanca dos veces y media) entre la costa noroeste de Australia y el sur de Nueva Guinea.



Los arrecifes son colonias de corales de tres tipos: duros (de crecimiento rápido), medios (de crecimiento medio) y blandos (de crecimiento lento). Nosotros estamos habituados a ver pájaros en árboles, es decir animales sobre especies vegetales. Pues bien un coral es un animal en el cuál se posan vegetales marinos, al revés que lo del pájaro. ¿Y cómo es este animal? Pues, explicado de forma fácil, es una medusa puesta boca arriba.



Después de visitar la Gran Barrera de Coral hemos llegado a la conclusión de que es como un gran jardín botánico. Hay infinidad de corales (bonitos, feos y abstractos) pero le falta algo de actividad animal (peces, tiburones o sirenas).



En el caso de querer hacer submarinismo, pensamos que no es la mejor opción, ya que todo lo bonito se encuentra accesible a pulmón libre (si no se es un zoquete acuático, evidentemente).



Todas las fotos que os hemos puesto las hicimos buceando sin botella en dos arrecifes diferentes. No puedo dejar de escribiros que llegué hasta 16 m de profundidad “a pelo” y que la cámara de fotos, que en principio sólo trabaja hasta 3 m de profundidad, sigue funcionando.

Hartley’s Crocodile Adventures



Una vez recuperados de las emociones de la visita a los corales y del accidentado paseo por el Mar del Coral, los Kurth nos tenían preparada una sorpresa. El domingo al levantarnos (a las 7, hora de Kookaburra) nos dijeron que debíamos coger el coche e ir hasta una granja de cocodrilos que había a medio camino de Cairns (por la carretera que hemos comentado antes) porque nos habían reservado una visita guiada. No teníamos ningunas ganas así que pensábamos estar de vuelta a la hora de comer. Ilusos.



La granja de cocodrilos resultó ser el Hartley’s Crocodile Adventures, una especie de zoológico de animales nativos del lugar (con lugar queremos decir Australia). ¿Qué tiene de especial? Pues que se puede tocar y dar de comer a todos los animales (a los cocodrilos sólo tocar, y sólo a los pequeños y por supuesto con supervisión). Para Marina fue una sensación de felicidad parecida a la de cuando vienen los Reyes Magos en Navidad y te traen la Harley Davidson Sporster 1200 que querías.



A finales de la década de los 60 del siglo pasado la población de cocodrilos de agua salada australianos se iba reduciendo a pasos agigantados debido a la caza legal de estos animales para hacer bolsos y botas. Los cocodrilos de agua salada tienen la peculiaridad de que en el vientre no tienen “escudo”, por lo que su piel es la más valorada del mundo. El mejor y mayor cazador de cocodrilos del mundo mató a un cocodrilo de agua salada de 8,6 m de longitud (el mayor de la historia) y tuvo una especie de revelación: pasó de ser cazador a ser conservacionista. Hizo este cambio de una forma que, a día de hoy, es muy acertada. Pensó que para proteger una especie animal se necesita que esa especie sea rentable (ecología de mercado): inventó las granjas de cocodrilos. Una de las 16 granjas de cocodrilos de agua salada de Australia es la del Hartley’s Adventures y a su alrededor a crecido este particular zoológico. Toda la zona del parque recrea, de forma artificial, un humedal natural idóneo para la vida y reproducción de los cocodrilos de agua salada (los cocodrilos de mayor tamaño del mundo).



Empezamos el día dando de comer a los Cassowarys, el animal más parecido a un avestruz punky travestido que existe. A estos los tienen más encerrados que a los cocodrilos ya que, al parecer, tienen bastante mala uva.



Nuestra siguiente actividad fue una visita a la granja y un paseo en barca por el lago del parque a cargo del guía más espeluznantemente loco que hemos conocido nunca. Un espectáculo. La gracia del paseo en barco es que dan de comer a los cocodrilos de una forma poco ortodoxa: cuelgan un pollo muerto de un palo y les hacen saltar (Marina capturó el momento justo).



Después de  la multitud de actividades cocodrilianas que se pueden hacer en el parque nos dedicamos a pasear, dimos de comer a los Kanguros y a los Wallabies (canguros más pequeños y feúchos, pero más simáticos), vimos serpientes, lagartos, peces, arañas y medusas.



Después de comer asistimos a una demostración de la fuerza que tienen los cocodrilos. El típico espectáculo donde el guía se mete en el agua con un cocodrilo y se dedica a provocarlos para que el público vea cómo se las gasta. Cómo con los delfines, vamos.



Finalmente, ya caída la tarde, llegó la guinda del pastel: los Koalas. Había tres Koalas y medio, ya que uno de los adultos tenía una cría bien agarrada al pecho.



Después de verlos dormir, cagar durmiendo, comer durmiendo, dormir, pelearse en sueños, dormir un poco más… llegó la cuidadora para cambiar el eucaliptus que devoran (es un decir). Como curiosidad deciros que los Koalas duermen alrededor de 20 horas diarias porque sólo comen determinadas hojas de un determinado tipo de eucaliptus, que resulta no ser la comida más energética posible.



Pues bien, uno de los Koalas se abrazó a la cuidadora y se dispuso a dejarse sobar por todos los guiris que estábamos babeando delate de ellos mientras se dedicaban a dormir. Qué monos los Koalas.



Por ahora no tenemos más aventuras que explicar. Muy probablemente la próxima actualización sea desde Julatten, un pueblo situado a media hora de Port Douglas hacia el interior de Australia. De momento sabemos que la próxima familia con la que vamos a vivir son músicos y que tienen un vecino que es científico medioambiental que está deseando conocernos.

Enrique & Marina


sábado, 11 de agosto de 2012

CONDUCIR POR LA IZQUIERDA




Bienvenidos a la Nave del Misterio. En Australia se conduce por la izquierda, luego el volante está a la derecha. Misterio resuelto.

La gran pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez, obviando la de cómo entra Papá Noel en las casas sin chimenea, es cómo tienen el cambio de marchas los coches con el volante a la derecha. ¿Hay simetría? Pues, queridos amigos de lo desconocido, no. El cambio de marchas se mantiene igual: está situado entre el asiento del conductor y el del  copiloto y el recorrido de la palanca al cambiar las marchas es el mismo que en los coches del resto del mundo civilizado. De este modo la primera marcha se engrana moviendo la palanca hacia la izquierda en dirección al copiloto y posteriormente hacia delante, en dirección al cenicero.

Teniendo en cuenta que el cambio de marchas no cambia (risas enlatadas) respecto a los coches “de casa”, ¿Qué problema puede haber? Pues que el cerebro sí que es simétrico, lo que hace que exista cierta tendencia a intentar arrancar en quinta, cosa que es ciertamente complicado de ejecutar sin quemar algo.

Una vez superado el tema de la palanca de cambio, vamos con los controles del cuadro de mandos. En este caso sí que hay simetría: los intermitentes (indicadores de dirección para los que estéis con la teórica del carné de conducir) y las luces están en la palanca de la derecha del volante, mientras que los limpiaparabrisas se dirigen con la palanca situada a la izquierda. Esta intrigante característica es la culpable de que se pueda distinguir un coche conducido por turistas por lo limpia que lleva la luna delantera, ya que los “guiris” tendemos a señalizar los cambios de dirección limpiando el parabrisas. Se ha dado el caso de querer hacer ráfagas a alguien y recibir una remojada del agua jabonosa de los limpiaparabrisas en lugar de eso. De hecho los australianos nunca limpian el parabrisas para que no les confundan con turistas, prefieren parecer unos guarretes. Una vez superada la dislexia lateral inicial, en el caso de los intermitentes se mantiene lo de arriba para indicar izquierda y abajo para indicar derecha.

Bueno, ya sabemos cómo funciona el coche con el volante a la izquierda; hemos encendido y apagado las luces, puesto los intermitentes y los limpiaparabrisas indistintamente, tratado de arrancar en quinta... ¡Y todavía no hemos circulado ni siquiera un metro!



Toca salir a circular, así que voy a explicaros nuestra experiencia: sabemos que debemos ir por la izquierda, que las rotondas se hacen en el sentido de las agujas del reloj y que se adelanta por la derecha (esto es muy fácil de interiorizar si eres Farruquito). ¿Qué es lo primero que hice para hacer todo esto bien? Fácil: acercar el asiento lo máximo posible al volante, hasta el punto de que las rodillas y los codos estén peligrosamente cerca, alargar el cuello para que la cara esté más cerca, si cabe, del parabrisas, abrir mucho los ojos y poner cara de emú lobotomizado (podéis buscar una foto en internet, por si no lo hacéis: es el avestruz de Australia).

Una vez que empiezas a circular consigues, con algo de esfuerzo, ir por el carril izquierdo e ir haciendo todas las cosas bien. Incluso vas rápido porque, afortunadamente no hay nadie más conduciendo en el mismo sentido que tú. ¡Mentira! Miras por el retrovisor y resulta que todos los que van por tu carril están detrás de ti, eres un tapón y debes aceptarlo. En ese momento te das cuenta de que eres una de las personas más odiadas de Australia.



Otra de las cosas curiosas de conducir por Australia por primera vez es que todo el mundo te saluda… ¡Cómo si supiesen que te estás estrenando! Los australianos son realmente simpáticos. Después de un buen rato en el que todo el mundo te saluda con la mano, justo cuando uno de los conductores casi alcanza a darte una colleja  te das cuenta de que realmente lo que hacen es decirte que vas muy a la derecha, que te eches hacia tu carril, ¡Dominguero! Madre mía…

Debemos deciros que a conducir por la izquierda se aprende conduciendo y nosotros estos días estamos conduciendo mucho. Hoy mismo hemos tenido nuestro “examen final” particular: hemos circulado durante más de 100 km, 50 de ellos de noche por una carretera de dos sentidos que hace que las curvas del Garraf parezcan una autopista. Ahora mismo conducir por la izquierda nos parece lo más normal del mundo, y circular sin pagar peajes también. La gasolina, por cierto, está al mismo precio que en España.



Hasta aquí llega el tutorial de conducir por la izquierda, pero haremos una pregunta final: ¿La gente camina por la izquierda? Pues sí. En las escaleras mecánicas la “mitad” que corresponde a la gente que las sube caminando es la derecha. Si te encuentras a alguien de frente por la acera debes apartarte a la izquierda, no a la derecha, y si te adelanta una bicicleta debéis saber que lo hará por la derecha, con toda la razón del mundo. Las yayas con carritos son como en España, van por donde quieren y atropellando.

Mañana por la mañana nos vamos a bucear a la Gran Barrera de Coral, a mitad de precio por cortesía de la familia con la que vivimos (los Kurth), y el domingo iremos a la Crocodile Experience de gratis, también cortesía de nuestra familia australiana. Ya os contaremos en próximas actualizaciones.

Enrique & Marina