lunes, 23 de octubre de 2017

MI DÍA Y MEDIO EN SANTIAGO

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Por Santiago estuve sólo de paso. Tenía un día y medio entre Atacama y mi vuelo a Punta Arenas que coincidió con Fiestas Patrias. Sí, sí, mi único día en Santiago coincidió con la mayor fiesta Nacional, con lo que la ciudad estaba, según me contaron, vacía.


En Santiago, tuve el mejor anfitrión que me pude imaginar. Espero que os acordéis de Cristian, que anduvo por los Annapurnas con nosotros durante algunos días. Así que no podía dejar pasar la oportunidad de verle en esta ocasión.




Cristian y su compañero de piso me vinieron a buscar al aeropuerto y me dejaron en el apartamento donde me quedaría esa noche, que estaba en Providencia, a sólo dos manzanas de donde ellos viven. Un barrio tranquilo, luminoso y lleno de cafeterías, todas cerradas por la festividad. En seguida me volví a reunir con Cristian que me iba a llevar a conocer a su familia que vive en las afueras y que estaban celebrando el primer cumpleaños de su primo más pequeño!



La madre de Cristian nos recibió con la mejor de las sonrisas, la de madre, y un plato de arroz con pollo y ensalada calentito y listo para comer. Después, pasamos a la sala donde íbamos a celebrar la fiesta para el pequeño Salvador. Habían preparado montones de globos, un castillo hinchable y una mesa cubierta de regalos. En realidad también era el cumpleaños del padre de Cristián pero claro, el benjamín de la familia acaparó todas las atenciones. Aún así, ambos soplaron velas y todos disfrutamos de los increíbles dulces que la hermana de Cristian había preparado con gran esmero y cariño. Creo que podría haber comido sus alfajores hasta morir feliz de la diabetes. 




Al día siguiente experimenté mi primer temblor Chileno des del 22º piso de mi apartamento. Tube reminiscencias de cuando estábamos en Nueva Zelanda, aunque allí la sensación de náusea y mareo siempre acababa antes porqué nunca nos encontrábamos en edificios de tal altura y la oscilación acababa mucho antes. 




De nuevo me encontré con mi anfitrión de lujo y fuimos de nuevo con su familia. Pero hoy celebrábamos el día grande de las Fiesta Patrias, el 18 de septiembre, día en que se celebró la primera junta del gobierno de Chile y que desencadenó el proceso que finalmente separó el país del imperio español. Me habían prometido un auténtica fiesta chilena familiar. Mejor sería que no desayunase si se parecía en algo a las de mi casa.




Y sí se pareció. Cada miembro de la familia tiene sus funciones. Los hombres se encargan de lo que tiene que ver con fuego: el asado, el horno para las empanadas. Las mujeres preparan las ensaladas, pican el pebre (el acompañamiento por excelencia del pan en Chile, se trata de una picada de cebolla, tomate, perejil, ají y ajo), cocinan el relleno de las empanadas (el pino: cebolla muy hecha, carne picada, una oliva y huevo duro), las montan y  cocinan el mote con huesillo (que es un postre a base de trigo cocinado y melocotones secos rehidratados en sirope que se sirve frío).  Los jóvenes preparan el terremoto que es la bebida de estas fechas preparada con vino blanco Pipeño, Fernet, helado de piña y un chorrito de granadina. 




Tube la gran suerte de poder ayudar haciendo las empanadas y de disfrutar de unos platos tan ricos. Pero sobretodo me sentí afortunada de sentirme como en casa para unas fiestas que de otro modo no hubiese entendido ni disfrutado. Muchas gracias a todos! Les veo muy pronto, familia!




Marina y Enrique
English version

A DAY AND HALF IN SANTIAGO


Santiago was going to be just a stop over on the way from Atacama to Punta Arenas. I only had one day and it was the highlight of the National holiday of Fiestas Patrias. Yeah, my day in Santiago was the biggest celebration of the year and the city was, apparently, empty for that date.



In Santiago I had the best host I could imagine. You may remember Cristian who we met in Nepal while hiking the Annapurnas circuit. I couldn't´t miss this chance to see him and catch up again.



Cristian and his flatmate picked me up at the airport and we all went back to Providencia where my apartment was and where they also live only 2 blocks away. Providencia seems a quiet, bright and cute neighbourhood full of cafes, all of them closed for the holidays. Right after dropping my stuff off I joined Cristian again. I was going to meet his family. They live in the outskirts of the city and we were going to celebrate his youngest cousin´s first birthday!



Cristian´s mum welcomed us with the best mummy smile and a plate of rice, chicken and salad ready for us. After that we all moved to the hall where the party was happening. They had lots of balloons, an inflatable castle and a table covered with presents. Actually, Cristian´s dad was also turning a year older but of course the youngest cousin was catching the most of the attention. They both blew candles, we sang, they unwrapped their presents and we all enjoyed the incredible baking that Cristian´s sister had prepared. I could honestly eat her alfajores until a sweet death of diabetes. 



The morning after, I experienced my first shake in Chile from the top of the 22nd floor where I stayed. That reminded me of New Zealand but there the feeling of nausea and dizziness was always shorted since the buildings were never that high and the oscillation would end way faster. 



I met Cristian again to join his family but today we were going to celebrate the 18th of September, the date when the first Chilean Government was constituted, the first step to Chile´s break from the Spanish empire. They promised the day before that we would have a real Chilean family celebration. If it was to be similar to my family´s parties, I should better not have breakfast.



And, hell yeah, it was! Each member of the family had a task. Men were in charge of anything related with heat: the asado, the oven for the empanadas. Women prepared all the salads, chopped the pebre (the usual spread for bread in Chile which is tomato, onion, garlic, chilli and parsley chopped in little cubes), they cook the filling for the empanadas (named pino: slow cooked onion, ground meat, an olive and pieces of boiled egg), stuff them and prepare mote con huesillo (a dessert made of cooked wheat and rehidrated dried peaches served in light syrup). The youngest members play around and the teenagers and young adults prepare terremoto for everyone which is a drink that literally stands for earthquake. It takes the idea of a spider, but they use white young pipeño wine instead of a fizzy drink, it´s topped with a scoop of pineapple ice cream, some Fernet and a splash of grenadine.




I was so lucky to learn to make empanadas and eat the delicious food they all putted together. Furthermore I couldn’t be more grateful for being included in such a wonderful family celebration as one more member. Thanks a million times and see you all again very soon! I love you all!




Marina y Enrique

miércoles, 18 de octubre de 2017

UNA CORTA VISITA A ATACAMA

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El motivo por el que tuve que llegar a Chile antes que Enrique fue para atender a una formación en Atacama durante una semana. El objetivo principal de ésta era que conociese el tipo de servicio del restaurante donde iba a trabajar y que me llevase una idea general del estilo del hotel. Enrique y yo trabajamos en Patagonia pero hay un hotel del mismo grupo en Atacama y otro en Iguazú abriendo en diciembre de este año. Atacama fue el primero de ellos en abrir hace diez años y opera los 12 meses del año mientras que Patagonia sólo abre durante los 7 meses de clima cálido siendo esta su quinta temporada. 



Aunque pasé la mayor parte del tiempo trabajando, tuve también oportunidades de explorar un poco la zona. Cada mañana iba a correr por los alrededores de San Pedro cuando todavía se notaba el fresquito que deja la fría noche del desierto. Salí siempre sobre las 8.30 ya que más tarde la temperatura empieza a subir, el viento empieza a soplar y levantar polvo. 



Pese a que la temperatura por la mañana es ideal, hay que acordarse de la altitud a la que uno está. San Pedro se sitúa en medio del desierto más seco del mundo pero las temperaturas no son para nada tan altas como yo me imaginaba. El pueblo está a 2.407 m sobre el nivel del mar y algunos visitantes sufren leves síntomas de mal de altura al llegar. En mi caso no noté absolutamente nada. Claro que esta vez venía preparada y entrenada después de pasar los últimos 9 meses en las Rocosas Canadienses. Nada que ver con los dolorcillos de cabeza de Nepal. Aunque no es comparable el salto de 1.600 m des de Lake Louise a 2.406 en Atacama que cuando pasamos de estar a 318 m en Glenorchy a más de 3.000 en el Himalaya en sólo un par de días. Supongo que por eso me resultó fácil echar a correr durante 10 km sin parar nada más que para hacer fotos de los increíbles paisajes del desierto. 


Correr fue divertido pero lo remarcable fue el día libre que tuve entero para recorrer. Bueno, la diversión empezó la tarde antes. El hotel de Atacama cierra para las Fiesta Patrias del 18 de septiembre para hacer algo de mantenimiento y también evitar que los huéspedes sean molestados por el inevitable ruido de las fiestas al aire libre. Celebramos un asado en el patio del hotel. El equipo de cocina preparó choripanes, empanadas, vacío, chuletas de cerdo, pulpo y pez espada a la brasa. Además la pastelera hizo empanadas de Chilenas de pino que están rellenas de carne picada con cebolla, una oliva y huevo duro. Y por supuesto un pastel de chocolate inmenso. El barman también preparó una cazuela enorme con una bebida típica llamada Borgogna que hizo con vino tinto, fresas y canela. Es parecido al vino especiado caliente que se toma en invierno pero se sirve frío y no es tan dulce. 



Fue genial relajarnos en el patio del hotel e incluso remojarnos en la piscina (que estaba helada). Para mi resultó ser una muy buena oportunidad para recibir consejos de aquellos que habían trabajado en Patagonia o viajado. Así, poco a poco, me pude ir formando y preparando para la nueva etapa. 



El día siguiente me dejaron utilizar una bici del hotel para que explorara el desierto por mi cuenta. Primero me dirigí al Valle de la Luna que es una reserva natural a sólo unos minutos del pueblo. Se debe pagar entrada para acceder y en la taquilla te dan un panfleto con un mapita y cuatro explicaciones sobre el lugar. Además si vas en bici comprueban que lleves casco y que traigas contigo una luz y un chaleco reflectante, sin importar la hora del día en que ingreses. Hacer el camino en bici es una muy buena opción pero tienes que llevar sin falta un candado ya que para acceder a los miradores el acceso es de arena y cargar la bici no es una opción. Por suerte hay aparca bicis en todas las paradas.  

La primera parada la hice en una caverna excavada en la roca que se inicia como un pasillo abierto muy estrecho que acaba cubriéndose y transformándose en un túnel absolutamente oscuro no apto para claustrofóbicos. Finalmente la gruta vuelve a abrirse y un pequeño sendero conduce de vuelta al inicio. 



A sólo unos minutos la bici me dejó en la Duna Mayor. Tal como el nombre indica, se trata de una duna de arena marrón lisa, gigantesca y majestuosamente bella. El caminito te lleva hasta la misma altura que su punto más alto y luego hasta un mirador abierto hacia un inmenso mar de formaciones rocosas salinas puntiagudas. Además, en el horizonte se pueden ver las montañas cónicas que los volcanes extintos dejaron a su paso como el majestuoso Licancabur. Es un paisaje árido, hostil y misterioso completamente nuevo para mis ojos. 



En el camino hay un par de minas de sal y algunas otras formaciones rocosas como Las Tres Marías que personalmente no me llamaron demasiado la atención. En las minas hay artefactos y refugios viejos que explorar. Estos lugares sí se pueden acceder con la bici si tienes un poco de técnica y son el único reto que uno se encuentra en el camino. 


Seguí hasta pasadas Las Tres Marías y pasé la última mina. El camino empezó a difuminarse si es que realmente había camino. El suelo era muy irregular y estoy segura que ningún coche llegaba hasta allí. La verdad es que me lo estaba pasando bien pero acabé sintiéndome sola ya que sabía que si me perdía o hacía daño la iba a liar bastante parda. Así que era hora de dar la vuelta. 




En mi retorno no paré de nuevo en las estaciones sino que aproveché para disfrutar del paisaje y pedalear lo más rápido posible. Estuve de nuevo en el hotel bastante pronto en la tarde desértica, sintiéndome todavía fuerte, con una bici a mi disposición y un lugar por explorar en mi cabeza. 



No quería dejar San Pedro sin explorar el Túnel de Catarpe. Cristian, el jefe de los guías del hotel, que es un muy buen ciclista de montaña, me había pasado varias rutas de la zona y casi todas incluían cruzar un viejo túnel minero. Desgraciadamente, no encontré buenos mapas o apps para el teléfono que me ayudasen con la navegación in situ. Así que tuve que tirar de indicaciones personales y lo que encontré en blogs, tripadvisor y wikiloc. Trailforks está completamente vacío para esta parte del mundo. 


El plan inicial era tomar un camino hacia Catarpe y tomar un desvío hacia el Valle de la Muerte para luego bajar por el famoso túnel. Llegar y jugar en el valle de Catarpe sabía que sería fácil así que ese era mi plan B. Dejé San Pedro en dirección Norte y pasé Pukara de Quijor cruzando el río un par o tres veces sin dificultad y sobre la bici. En poco llegué a una valla con una caseta al lado donde me dieron la bienvenida a Catarpe y me cobraron 3.500 pesos. No tenía ni idea de que se tenía que pagar para entrar. Luego mis amigos me explicaron que hacía poco que empezaron a cobrar y que les parecía fatal ya que ese era un de sus lugares habituales para ir en bici. En fin, me había pasado la entrada al Valle de la Muerte y el abuelito de la entrada me dijo que el valle estaba en el otro lado y que estaba totalmente equivocada. Que raro, porqué todo lo que he leído dice lo contrario. En fin, al túnel también se puede acceder desde el río así que sigamos adelante. 



Pasando el río un par de veces más llegué al desvío que sube hacía el Túnel Alto Catarpe. Y qué gran camino! Era ancho, ya que se trata de una antigua carretera minera, con montones de baches, agujeros (literal) que esquivar, vistas increíbles y algún que otro tramo de arena que hacía el pedaleo inestable y resbaloso. Y de subida, pero nada empinado! Llegué al túnel y lo crucé sin necesidad de usar la linterna aunque en el centro me tuve que bajar ya que la cantidad de arena hacía imposible pedalear. Al otro lado sólo encontré un mar de dunas y escarpadas formaciones desérticas.  



Estuve un rato contemplando la grandeza del paisaje y volví por donde llegué aunque sabía por Cristian que existía un camino de vuelta por el otro lado. Aun así, bajar el camino que me había conducido hasta arriba del túnel me parecía demasiado divertido para dejarlo pasar. Como no sólo había encontrado dos ciclistas en todo el camino me puede entretener bien saltando los baches y rodando por los agujeros del camino sin miedo a chocar con nadie. 


Una vez abajo seguí hacia el Norte, crucé por enésima vez el río y tomé el desvío que lleva a la Tranquera del Diablo. En este caso el camino es muy estrecho aunque plano. Finalmente uno llega a unos escalones y las paredes están tan juntas que no cabe el manillar de la bici. Allí fue donde me quedé. 


Volví a la orilla del río y seguí pedaleando hasta ver la capilla de San Isidro. De nuevo, no sé si soy yo o las indicaciones chilenas, pero no conseguí acceder a la pequeña iglesia. Las señales apuntaban a un camino que me condujo a una propiedad privada y me encontré girando sobre mis pasos. La pequeña casita se veía preciosa desde la orilla del río pero todavía me pregunto como llegar a ella. 


Quise seguir hasta ver qué era lo que queda de Cuchabrache. Pero mi suerte me hizo parar a sólo unos metros ya que el río estaba allí demasiado crecido. El nivel llegaba por encima de la suspensión y no quería llenarla de agua sabiendo que justo les habían hecho su mantenimiento pre-cierre. Cruzar cargando la bici tampoco era una opción porqué el agua me llegaba a mi por encima del muslo. 




No pasa nada, se estaba haciendo tarde y la temperatura empezaba a bajar. Tenía los pies empapados así que ya me estuvo bien ir volviendo antes de coger frío. Además, había quedado para cenar con unas amigas y nos las quería hacer esperar. Ni a ellas ni al Pisco sour que me esperaba en el bar. 

Enrique y Marina

English version
A SHORT VISIT TO ATACAMA



I had to come to Chile earlier than Enrique to attend a training period in Atacama. The main purpose was to learn about the kind of service we will provide and get the feel of the place. Although we will work in Patagonia, there’s a sister property in San Pedro de Atacama open all year around and there will be a new opening in Iguazu shortly. Atacama was the birth place of the company 10 years ago while Patagonia has only been running for four years, being this coming one the fifth season. 




Although I mostly worked while I was in Atacama, I managed to get a little bit of time to sightsee. In the morning it was a bliss to go for a run in the flat gravel roads surrounding San Pedro. I needed to get up early and be out by 8.30 at the latest as the sun starts heating the ground and the air turns warm pretty early in the day. At that time, though, the temperature is perfect and there’s hardly any traffic and therefore no dust in the air you breath. 




The only issue is the altitude. San Pedro is located in the middle of what it’s meant to be the driest desert but, due to its elevation, the climate isn’t as hot as you may imagine. The township stands at 2,407 m and many visitors experience mild altitude sickness at the beginning of their stay. I guess this time I was better prepared for it than when I first travelled to the high Himalayan mountains considering that I lived in the Rockies for the last 9 months. I really didn’t feel any of the headaches or dizziness I had in Nepal. But of course it can’t be the same going from 1,600 m in Lake Louise to 2,406 in San Pedro than the sudden increase from the 318 m in Glenorchy to over 3,000 in just a couple of days. I found myself running for 10 km without much problem other than having to stop to take a pic or two of the breathtaking landscapes of the desert. 



The highlight, though, was the full day off I had. The fun actually started the day before. The hotel closes over Fiestas Patrias every year to do a week of maintenance and to avoid the noise that this particular holiday brings to the otherwise quiet town of San Pedro. To celebrate, we had an asado at the hotel. The kitchen team prepared choripan (spiced sausages that you eat on bread), vacio,  pork ribs, braised octopus and swordfish. There were also pino empanadas (traditionally stuffed with onion and ground meat, an olive and boiled egg) and cake for desert. And there was a massive pot of homemade Borgogna, a classic local drink made with red wine, strawberries and cinnamon. It’s really delicious and reminds me of a cold version of mulled wine. 




We all had a great time hanging out in the patio and it was a great opportunity for me to meet new people and to listen to all the tips that guides and other staff who had worked in Patagonia could offer. Slowly I got the idea of what the new adventure was going to be. 




The next day I took one bikes of the hotel and went to explore the desert. First, I cycled to Valle de la Luna (Valley of the Moon). This is a natural reserve just a few minutes ride out the township. You have to pay a fee to get in, they give you a little map and they way is well marked with signals pointing the features. Most visitors come by car and drive along the valley stopping and walking the  shorts walks that take you to the viewing points. Riding is a great alternative to throw a little bit more action in but you really need to bring a chain to lock your bike because you can’t take the bike when you’re exploring each site. Also, wearing a helmet is compulsory (obvious) and you’re required to carry a lamp and a high visibility vest with you regardless the time of the day.
  


The first stop is a gorge dug in the rock that turns into a dark corridor that eventually opens up again. There’s a path that takes you very deep and then back to the starting point. Definitively not suitable for claustrophobics. 




Riding just a few minutes I got the see Duna Mayor which literally stands for bigger dune. As the name claims, it’s a massive sand dune, smooth, brown, beautiful. The trail takes you to the same high as the dune and keeps going up to a lookout from where you can see a massive sea of spiky rocky formations that blew my mind away. I could see the perfect volcanic cones that scatter the skyline including the majestic Licancabur. The landscape is arid, hostile and mysterious like nothing I have ever seen. 




There’re a couple of salt mines along the way and three rock formation called Las Tres Marías that I personally didn’t find so exciting. There were plenty of artefacts and old buildings that I particularly didn’t care too much for. You can access those sites by bike if you’re a little bit skilled and those are the only little challenges you can find on the trail. 


I kept going until I couldn’t tell very well where the path was, if there was any at all. Here the road was really bumpy and hardly any cars reach the very last mine, so you’re literally by yourself. It was fun but at the same time I knew that no one would find me if I had any problems or got lost, it really was time to get back.





I didn’t stop at all the features on the ride back, instead I choose to enjoy the landscape and push the speed. I was back at the hotel pretty early in the afternoon. I was still feeling pretty strong, I already had a bike and there was a place I really wanted to check out. 




I couldn’t leave San Pedro before going to see the Tunnel in Catarpe. The head of the guides in Awasi Atacama is apparently a great biker and he send me a few routes to do which included going through that tunnel. It tried to find maps to download or apps for the phone but I couldn’t find anything clear and, of course, there weren’t any trails in the area in Trailforks. So I had to go just using information I found in blogs, tripadvisor and wikiloc. 



My initial plan was to ride up towards the valley of Catarpe, find the entry to the valley of the Death and ride the Tunnel down. I knew that getting to Catarpe wouldn’t be difficult so that was my B plan in case I wouldn’t find the entry. I left San Pedro again riding North on a different road that takes you to the archeological site of Pukara de Quijor. I kept going and got to a fence and a house where I had to pay an entry fee that I wasn’t aware of. Eventually I found out that they had just started charging to enter the valley. Locals are pretty upset about it since Catarpe seems to be their playground and paying the 3.500 pesos every time doesn’t seem much appealing. Likewise in Valle de la Luna, they gave me a leaflet with a map and the features along the way. I asked about the entry to the Death Valley and the elder at the door said I was at the wrong side of the range… I am still pretty sure I could enter from Catarpe but, oh well, I would go check that famous tunnel anyway from the river bank. 




There were a few attractions to see on the way, being the highlights the Tunnel and Tranquera del Diablo (Devil’s Canyon). Riding by the river and after crossing it a couple of times I got to a left turn that took me up to the tunnel. That was, finally, a real fun trail! It was uphill, rough and scenic, the perfect combination. The path is wide, since it’s an old mining road but the surface is full of holes, completely uneven and there’re a few sections where the sand makes your pedalling vain. The views are great and when you reach the tunnel you can ride through in the dark. And at the other side, the vastness of the Atacama dessert with its dunes and hills and mountains.  




Then, going downhill was even more fun. I could enjoy the same amazing views but without the effort, instead I could play a little bit jumping and rolling over the few rocks on the way. I actually surprised myself going over some little features I wouldn’t have dare to try just a few months back. 



Once back down by the river I carried on North, crossed the river again and then took a right turn into the Devil’s Canyon. That’s a narrow trail that deepens into the rock. I took the bike to a point where I couldn’t ride anymore because there were steps and the corridor was too narrow to put the handlebar through. 


I went back to the riverside path and reached San Isidro’s Chapel. I am not sure if it’s me or not, but here I couldn’t reach the little church. Again the sings were confusing and pointed a trail that didn’t take me there but somewhere marked as private property. I was happy to see the tiny white construction from down the hill but I still wonder how to get up there.


I kept going for a bit more because I wanted to see what the old settlement of Cuchabrache was like. However, I had to stop just a few meters before since the last river crossing felt way too deep. The water reached halfway of the fork of the bike and I really didn’t want to damage the hotel’s bike that I knew had just been serviced. Besides, the water was too deep for me to walk the bike through as the water reached my thighs.





Anyway, it was time to start getting back before the cold night of the dessert came down and my wet feet would start freezing. Besides I was meeting a couple of girlfriends for dinner and I didn’t want to hold them waiting. There was Pisco sour ready at the bar for me and I didn’t want it to go warm either. 

Enrique and Marina